En diciembre de 2003 viajé al norte de Italia a ver a Zulma; me quedé un mes y medio. Paseamos mucho, vimos maravillas, anduvimos por todos lados. Este es el relato de ese viaje día a día.

19.9.04

Venezia (2)

Spresiano, 6 de enero 2004
Estimados amigos espero los Reyes Magos hayan sido benévolos con Ustedes, salvo algunos pocos que pienso y no nombro los demás son merecedores de la más alta consideración terrena y celestial. JA!

Esta mañana lo conocí a Juan Martín –21 años- el hijo menor de Zulma, que acaba de llegar de Japón; había ido a ver a su novia. Estuvimos conversando un rato largo y me asombró su capacidad reflexiva y de observación no obstante ser un muchacho jóven. Estudia música en la cercana ciudad de Vicenza. Pablo, decile a tus amigos que Ustedes son famosos: Juan Martín conoce a Tajunga Pul; allá en La Plata él integraba la banda Senzanome.

Hoy amaneció nublado y frio como habitual, volvió a caer una bruta helada que dejó el campito blanco; siendo las 12 hs. mi termómetro del balcón marca +1 grado. Spresiano –tal como Treviso- está situado en plena Pianura (llanura) Véneta; el rio Piave pasa a unos dos kmt. de aquí. Toda Italia es montañosa y aunque uno viva en zona de tierra plana es imposible no tener por horizonte cercano o lejano alguna cadena de montaña. El intenso frio del invierno se debe a dos motivos: el alto “paralelo” del mapamundi en que se ubica el norte de Italia (estamos aprox. a la altura de Rio Gallegos en el hemisferio sur) y la muy próxima cadena de Los Alpes con nieves eternas. Cuando aquí sopla el alpino viento del norte se siente como un clavo en la cara, no tiene parate ni redención.

Iremos a almorzar de Carola, hay reunión familiar. No hay planes para hoy de manera que seguiré preparando el viaje de mañana a Treviso y el del jueves a Venezia, tengo que leer bastante sobre lo que iremos a ver.

Estuvimos almorzando de Carola y Giorgio mientras J.Martín nos contaba acerca de Japón y las –para nosotros- extrañas costumbres que estilan. Entre tantas cosas escuchadas diré que no pudo conocer a los padres ni hermanos de la novia y ni siquiera alojarse en casa de ellos; son tan tradicionales que si no hay promesa de casamiento es como que el novio no existiera. Los ponja son sabios...


Me ha dado curiosidad los nombres que le dan en idioma italiano a las distintas ciudades y países del mundo. Por ejemplo... Moscú: Mosca, Japón: Giappone, París: Parigi, Hungría: Hunghería, Berlín: Berlino, Londres: Londra, Frankfurt: Francoforte, San Petersburgo: San Pietroburgo, Bélgica: Belgio, Portugal: Portogallo, Alemania: Germania, Suiza: Svitzera, Rumania: Romanía, Zurich: Zurigo, Filipinas: Filippine, Brasil: Brasile, Estados Unidos: Stati Uniti, Méjico: Messico, Inglaterra: Inghilterra. Cuando el nombre es femenino suelen anteponerle el artículo de manera que dicen: la Mosca, la Londra, La Germania, la Svitzera, etc.

Volviendo a hablar de VENEZIA diré que hay tres puentes que cruzan el Canal Grande en el trayecto de la “S” turística. Ni bien se sale de la Stazione Términi de Santa Lucía (FFCC) está Il Ponte della Stazione o Ponte Scalzi, hecho en piedra en 1934 en reemplazo del antiguo de hierro. Luego a mitad de camino viene Il Ponte Rialto –que es el más famoso- y poco antes de llegar a la Piazza di San Marcos Il Ponte della Accademia, de madera, 1932.

En cuanto al Canal Grande –al que los venecianos llaman Il Canalazzo- es el más importante de los tantos otros (unos 50) que se entrecruzan por Venezia, la arteria principal. Tiene casi 4 kmts. de largo, 30 a 70 mts. de ancho y una profundidad media de unos 6 mts. Tal como ya referí más atrás está totalmente bordeado por lujosos palazzos (palacios) que las familias venezianas de la época del esplendor edificaron como residencia y signo de potencia. Hoy pocos siguen siendo residencias, la mayoría fueron reciclados en hoteles, museos y galerías de arte aunque conservando las mismas fachadas; casi todos son del siglo XV. “Sereníssima” es el nombre que se le dio en su mejor época a la gloriosa Reppública di Venezia.

Más de 100 islas en medio de una laguna fangosa constituyen la ciudad; fue levantada superando estas condiciones extremadamente adversas. Hoy se la ve casi tal como quedó en el siglo XVI. Está asentada sobre billones de delgados pilotes de roble, pino y alerce de 7.5 mts. de largo clavados sobre una capa geológica firme de arcilla y arena compacta llamada “caranto”. Los pilotes –unos junto a otros- no se pudren bajo las aguas profundas debido a la falta de oxígeno; fueron traídos de los bosques del norte del Véneto. Sobre los pilotes colocaron cimientos impermeables de piedra de Istria (un tipo de marmol) arriba de los cuales comienzan las construcciones.

Poblaciones Vénetas y Euganei ocuparon esta región en el siglo VI AC. Tres siglos más tarde los romanos conquistan el Véneto. En el 401 DC los Godos –dirigidos por Alarico- invaden y conquistan el norte de Italia; avanzaban hacia Roma saqueando y quemando lo que encontraban a su paso. Es aquí donde los habitantes del Véneto buscaron refugio en las costas agrestes y despobladas de la costa pantanosa; allí fundaron aldeas y de las cenizas del pasado romano emergió la ciudad de Venezia, fundada según la tradición en el año 421, dicen que el 25 de marzo, día de San Marcos. Tuvieron siempre un formidable espíritu comercial explotando su estratégica posición marítima y creando importantes lazos comerciales con Bizancio. Sin embargo todavía en el siglo VI Venezia no era sino una serie de pequeñas aldeas en una laguna cenagosa.

Siguieron las guerras y en el año 452 Atila el Huno invade Italia y saquea el Véneto. En el 552 los Godos vuelven a invadir y destruir ciudades. Poco más tarde en el 570 viene la primera invasión lombarda al norte de Italia y los habitantes de la zona –ya cansados de tanto jaleo- realizan un éxodo masivo desde las ciudades del Véneto a las islas de la laguna. En el 726 la historia registra al primer Dux (duque, autoridad máxima) documentado de Venezia. En el 814 comienza la construcción de Palazzo Ducale (sede del Dux), en el 828 mercaderes venezianos roban el cuerpo de San Marcos en Alejandría y en el 832 se completa la primera basílica de San Marcos. Sabiendo siempre aprovechar las oportunidades y ubicados estratégicamente entre Roma y Bizancio los venezianos ejercían continuamente sus poderes diplomáticos; alianza va, alianza viene, estos inteligentes negociadores sacaban provecho y echaban palante.

Durante la Edad Media Venezia expandió su poder e influencia a través de todo el Mediterráneo oriental, culminando con la conquista de Bizancio (Constantinopla) en el año 1204. Vivían bajo una administración pulcramente ordenada encabezada por el Dux sometido a una Constitución, un Consejo de Los Diez y un Gran Consejo de aprox. 2000 miembros. En 1797 Napoleón –exigiendo la abdicación del Dux Ludovico Manín- da fin a la Reppública Sereníssima luego de nada menos que 1367 años de existencia independiente; se la entrega a sus aliados austríacos a cambio de la Lombardía.

Un párrafo aparte merecen las góndolas (attenti! Alfredo!). Son de casco delgado y base plana, bien adaptadas para navegar por canales estrechos y poco profundos. Se usan hace más de mil años y se fabrican a mano con nueve maderas distintas; la construcción de una góndola demora aprox. tres meses. La eslora es asimétrica para contrarrestar la fuerza del único remo que tienen a estribor; sin la curvatura hacia la izquierda en la proa –24 cmts. más ancha que a la derecha- el barco navegaría en círculos. Le dan brillo con siete capas de barníz negro. ¿Te imaginás Cdte. una góndola veneciana por los canales de Berisso...? JA!

Dejo aquí por hoy, mañana sigo. Les mando un poquito de frio a cambio de unos grados de calor y hacemos negocio. Mario



Spresiano, miércoles 7 de enero 2004
Queridos amigos tengan Ustedes muy buenos días. Por motivos técnicos hoy no iremos a Treviso, lo dejamos para pasado mañana; entonces: mañana Venezia y el viernes Treviso. Del frio ya ni les cuento porque es reiterativo, con suerte al mediodía llega a los +2 grados y de ahí no pasa.

Estoy contento y maravillado con las comidas que curten en esta zona, la verdad es que son riquísimas y de muy buena factura. Casi todas vienen en distintas variedades como para que sea difícil elegir; tanto el pan como los pan dulce, chocolates, quesos, jamones, pastas, confituras, pizzas, etc. ... es todo exquisito y de muy buena calidad, te chupás los dedos y te querés comer todo. Los escaparates de los almacenes y panaderías son un muestrario de delicadeces. Lo mismo pasa con los vinos, hay cien marcas del “Prosseco” de la zona y dicen que son todas de primera calidad; les creo. No hay establecimientos o negocios (por ejemplo una pizzería) que no rivalicen en limpieza, decoración, buen gusto, atención y cocina; brillan por donde los mires. He comido pizza en dos pizzerías y sin desmerecer a las de allá considero que estas son mejores. Cualquier baño público de un restaurant es elegantísimo y perfecto, cuidan mucho del órden y la limpieza.

En general son gente ordenada y correcta, casi no hay basura tirada por las calles y todo el mundo arroja los residuos en los tachos habilitados, aunque sea una tarjeta telefónica usada de esas que allá tiramos sistemáticamente a la calle. Los rios que cruzan las ciudades por el centro (por ejemplo en Treviso) están absolutamente limpios, la misma gente los preserva y cuida. No sé... hay como una conciencia de que lo que es de todos –lo estatal, lo público- es también de cada uno y hay que cuidarlo como se cuidan las cosas de la propia casa.

A veces hasta me da bronca comparar con mi Patria y me pregunto por qué hostias allá le damos tan poca bola a lo que es de todos. Veo que acá a nadie –ni a un pibe rebelde- se le ocurre romper un teléfono público, patear un tacho de basura a la calle o robarse una maceta. No es que no ocurra en absoluto pero la cosa está invertida: lo que allá es una regla general acá es una excepción. En ese sentido viven bien, tranquilos, sabiendo que hay un acuerdo tácito en que la Ley y las buenas costumbres las respetan casi todos. Nadie cruza la calle si no es por la línea de cebras, esperan su turno sin ponerse a putear o a tocar la bocina como locos... como diría mi amigo Antonio R. si quieren andar en subte ponen la ficha en la ranura en vez de tratar de coimear al guarda o llevarle flores a la chica que vende los cospeles. Parece tan simple... y sin embargo en mi Patria eso no sucede; hay que estar acá para salir a la calle y ver dos veces cada cien metros un gesto o una actitud que te dejan pensando. En realidad no hace falta ir tan lejos, basta cruzar al Uruguay para constatar que se puede vivir de mejor manera.

No me parece que lo que digo tenga nada que ver con lo represivo de las Leyes, la multas que cobran o el alto estatuto socioeconómico de la población, no. Lo que me llama la atención es el gesto minimal, la poca cosa, eso que no pasa por la universidad y sí pasa por lo más elemental de la educación; es en eso donde más los envidio a estos tanos. Acá la gente te habla, no te chumba; si puede te ayuda y atiende como a un ser humano, en cualquier lado que estés ves la educación, la amabilidad, el respeto y la cortesía. Los ventajeros, colados, cagadores, ranas y piolas no son de esta región del planeta.


Estoy hablando no de cómo me tratan a mí los familiares y amigos de Zulma sino de lo que veo afuera, en la calle y a diario, en esta ciudad y otras. Veo por ejemplo que nadie entra a un negocio sin decir “buon giorno” y a nadie lo dejan pagando sin respuesta.

Me quedo reflexionando en las cosas que acabo de decir, releo y pienso si acaso no me está traicionando el “efecto turístico”... quiero decir el hacer hincapié demasiado ingenuamente en todo lo positivo... No creo, al menos en la cosas que dije me parece que no me equivoco. Pero entonces, ¿cuáles son las negativas? ¿qué se puede decir de estos tanos que no los favorezca? Hay cosas, las hay.

Necesariamente tengo que hablar “por boca de ganso” porque no vivo acá pero (me dicen que) comparados con nosotros son muy fríos, distantes en el lazo social, alejados, poco afectuosos. Seguramente no es un defecto sino un rasgo cultural pero por ejemplo no estilan invitarte a su casa ni por casualidad, las casas particulares son como castillos de la Edad Media, no entra nadie. Difícilmente un italiano (al menos un italiano del norte) te va a decir “pasá por casa cuando quieras” como usamos allá; si te invitan es a almorzar o cenar afuera. No es nada fácil hacer amigos personales, tienden a mantener una distancia que es notoriamente mayor a la costumbre argentina, aun entre ellos. Tengo entendido que esto es típico de los países como USA, casi todo Europa, Canadá, etc. vale decir que a mayor standard socioeconómico mayor distancia en la aproximación al otro.

No hay mucho del fuerte abrazo, el tocarse, el típico o mítico “calor latino”; son más ceremoniosos, corteses, prudentes y respetuosos pero menos afectuosos en el sentido fuerte de la palabra. Se llega hasta un nivel, un aproach en la relación, pero luego la cosa queda ahí protocolarmente congelada, no es nada fácil acrecentarla. Así me han dicho de buena fuente, con un agregado: a los argentinos esa forma de ser nos resulta incómoda, nos deja muy solos. Salutti fratelli !!! M.

PD: Mañana jueves a las 7.25 hs. tenemos tren a Venezia arribando a esa a las 8.10 hs. Nos vamos a recagar de frio pero no importa, eso es lo de menos. Iremos de entrada a visitar la famosa Gallería dell’Accademia, una de las más grandes colecciones de pinturas del Renacimiento Veneziano. Si alguien pregunta por nosotros digan simplemente que salimos...



Spresiano, jueves 8 de enero 2004
Bueno... hemos paseado todo el día por VENEZIA... diez largas horas visitando por segunda vez la bella ciudad de los canales y las góndolas. Sí amigos, sí, llegamos muy cansados y con la boca acalambrada de ese OHHHH! que brota espontáneamente en cada callejuela, en cada puentecito, frente a cada obra de arte. No quiero reiterarme sobre la ya contado la primera vez pero no me queda otra... es una de las ciudades más hermosas del mundo, la magia hecha realidad, un viaje sin retorno a los siglos del Renacimiento.

Llegamos a las 8 de la mañana y pudimos ver cómo se despierta La Sereníssima; la gente saliendo a trabajar, los negocios aprontando para abrir las puertas, las palomas y gorriones, los barcitos con sus parroquianos desayunando. Pocos turistas a esa hora y el aire frio y húmedo que te envuelve en una atmósfera de siglos; los vaporettos de acá para allá por el Canal Grande con los pasajeros viajando parados, las calles con sus auténticos pobladores saliendo como hormigas de secretos y oscuros callejones... toda Venezia para nosotros.

Enfilamos por la “S” turística intentando llegar a L’Accademia y varias veces equivocamos el camino yendo a parar a cualquier lado; creo que nos queríamos perder a propósito para no sentirnos turistas. Tal vez concientes de ello nos desviábamos una y otra vez del camino principal para adentrarnos en esos recónditos pasadizos en los cuales estirando yo los brazos en cruz tocaba ambas paredes. Son largos –cien, doscientos metros- y van silueteando, haciendo recodos, cruzando angostos canales y desembocando siempre en otro pasadizo que te lleva para cualquier otro sitio. Hay que ser de ahí para no perderte en esos laberintos tan antiguos y húmedos como infinitos; nunca llega el sol al piso por lo angostos, altos y encajonados que son.

En una de esas vueltas sin destino nos topamos de frente con el teatro La Fenice de fama mundial recientemente inaugurado; en otra dimos con una casa en la que había parado Wolfgang Amadeus Mozart en los carnavales de 1771 teniendo 15 años, el sitio está pegado al Ponte di Baccardi o del Cuoridoro.

Hay cientos y cientos de canales y puentecitos, caminás cincuenta metros y ya te topás con uno, y te dan ganas de disparar tres o cuatro fotos por vez. Esos callejones son tan antiguos como la maldad y a cada rato te encontrás con una placa histórica que dice que ahí vivó fulano de tal en el siglo... en el siglo que quieras, el que más te guste. De repente se abren espacios amplios pero no tanto -digamos que de unos 20 por 30 metros- llamados “campos”, como placitas irregulares, casi siempre con un aljibe en el medio o la estatua de algún Dux; confluyen ahí varios pasadizos y no sabés cuál tomar para salir, entonces te perdés de vuelta y es un goce indescriptible perderte en Venezia con tu enamorada... Ahí todo es una sinfonía de siglos y palomas, de góndolas y canales de transparente verde esmeralda, de miles de rincones salidos de un sueño o una pala del Tintoretto.

Calculando que ya habíamos sobrepasado el Ponte Rialto tratábamos de ubicar el de L’Accademia cuando de repente dimos con una chiesa que me llamó la atención. Antes de continuar voy a decir que la cantidad de iglesias que hay es impresionante, no me equivoco si digo que es imposible hace cien metros sin encontrar una y a cada una no le cortás la cabeza por menos de cinco siglos y veinte obras de un pintor o escultor famoso. Sigo. Entramos a la mencionada chiesa –adentro no había nadie- y lo primero que notamos fue que la inundaba un hermoso concierto de Vivaldi; estaba fondata nel S.XI, con el campanile del S.XII. Adentro pudimos admirar esculturas y pinturas de los siglos XV al XVII, entre otras un lienzo de Giambattista Piazzetta (1683-1754), “L’Immacolatta” (1732) de Sebastiano Ricci (1659-1734), “I Santi Rocco e Sebastiano” de Angelo Trevisani (1669-1753), “Il Martirio di San Vitale” attribuito a Francesco Fontebasso, varias otras que no recuerdo y en el altar mayor “San Vitale a Cavallo e Otto (ocho) Santi” de 1514, pala de Vittore Carpaccio (1460-1525) donde representa al Santo montando brioso corcel blanco. ¿Por qué me detengo en esa chiesa...?

Pues es muy sencillo queridos amigos... se trata de LA CHIESA DE SAN VIDAL !!! Al fin !!! ... al fin se hizo Justicia y tengo una iglesia que lleva mi apellido !!! –Se trata de un Santo hermanos... SAN VIDAL, el mismo que escribe estas líneas. Afuera en el frontispicio hay un cartel que dice... “Chiesa di S. Vitale (vulgo San Vidal)”. Interrogué a una chica muy amable y me explicó que San Vitale fue un Dux de Venezia y en dialecto veneziano Vitale se dice Vidal.

Al salir de San Vitale y dar unos veinte pasos vi un muy bonito kiosko de venta de flores que me resultó lejanamente conocido; le dije a Zulma: ese es el kiosko del filme “Pan y Tulipanes”, de inmediato me apersoné al florista y me confirmó el dato, ahí filmaron esa linda película que vimos en La Plata el anteaño, tal vez la recuerden.

Preguntando dimos al fin con Il Ponte dell’Accademia que estaba ahí nomás, lo cruzamos y entramos a la galería de arte que habíamos ido a ver. Creía que conocía los principales museos de arte del mundo con excepción de algunos pocos. Cuando entré hoy en L’Accademia de Venezia me di cuenta que estaba equivocado. Conozco El Louvre y el D’Orsay de París; la Gallería degli Uffizzi y La Academia en Florencia; el Metropolitan Museum, el MoMA y el Guggenheim de New York; El Prado, el Reina Sofía y el Thysen Bornemiza de Madrid; los fastuosos palacios vaticanos de Roma, el Palazzo Ducale de Venezia y otros que ahora no me vienen a la cabeza. Afirmo ahora con certeza que entrar a visitar la Gallería dell’Accademia me voló el mate por los aires, me sacó la cabeza.

Estuvimos dentro más de tres horas recorriendo las 24 salas que atestiguan lo mejor del arte veneziano del Trecento al Settecento.

Está atestada de espectaculares pinturas de Paolo Caliari detto Veronese (1528-1588), Jacopo Robusti detto Tintoretto (1519-1594), Jacopo Negretti detto Palma Il Vecchio (1480-1518), Giovanni Antonio de Sacchis detto Il Pordenone (1483-1539), Leandro da Ponte detto Bassano (1557-1622), Giambattista Tiépolo (1696-1770), Bernardo Strozzi (1581-1644), Luca Giordano (1634-1703), Andrea Mantegna, Vittore Carpaccio, Piero della Francesca, Jacopo Bellini, Giovanni Bellini, Il Giorgione, Tizziano Vechelio, Giambattista Cima da Conegliano, Lorenzo Lotto, Francesco Zuccarelli, Giannantonio Guardi, Pietro Longhi, París Bordone... en fin... la flor y nata de la pintura veneziana, todos juntos en pilas de cuadros a cual más lindo, refinado y esplendoroso. Si les gusta el arte y vienen a Venezia ya saben adónde tienen que ir, es simplemente im-per-di-ble.

Voy a dejar acá; mañana seguiré contando cómo siguió el viaje de hoy a Venezia, se ha hecho tarde y hay que ir a dormir. Me despido con un interesante artículo sobre el tema que me ocupa. Mario



Lo que sigue a continuación es un material específico que tomé de Internet sobre el tema de la PINTURA VENEZIANA. El subrayado es mio.

Venecia resulta un ejemplo muy especial dentro del
arte renacentista, en parte debido a su carácter diferenciado del resto de Italia, su poderío económico, y sus extensas relaciones con otras culturas lejanas, especialmente orientales. Marco Polo era veneciano, y ya en el siglo XIV se establecieron relaciones comerciales con la China Yuan, que se prolongaron también a lo largo de la Dinastía Ming, con el consiguiente enriquecimiento en objetos exóticos, pinturas, diseños, inventos y avances científicos.

A través de las rutas hacia Oriente también tuvieron contacto ocasional con la India y, por supuesto, con los restos del Imperio bizantino, presto a caer en manos sarracenas. Cuando este hecho se produjo, Venecia supo mantener las buenas relaciones con los turcos, para de esta forma conservar las rutas de la seda abiertas para sus barcos y caravanas.

A mediados del siglo XV se dejaban sentir con fuerza los vientos de la renovación intelectual del Quattrocento y Venecia se apuntó a su manera al tren del cambio.

A fines del XV se traza un concreto plan de renovación exterior de la ciudad por parte de las poderosas familias que se alternaban en el poder. La renovación estaba centrada en el núcleo de San Marcos y se prodigó en una remodelación de espíritu escenográfico o teatral de las fachadas: se iluminaron con un Gótico heterodoxo, pintoresco, lleno de colores gracias a materiales polícromos como los ladrillos, cerámicas y mármoles.

Al tiempo, se asimilan superficialmente las innovaciones quattrocentistas adaptando sobre las fachadas modelos decorativos de grutescos y molduras geométricas.

En pintura el efecto fue similar en principio, pero la renovación terminó por ser mucho más profunda que en arquitectura.

Las relaciones con Constantinopla introdujeron formas muy recargadas, decorativas, con escenas de la vida urbana, populosa y tendente a lo anecdótico. En estas escenas era frecuente observar personajes vestidos a la musulmana o retratos de los sultanes junto a los de gobernantes venecianos, plasmados con extrema riqueza en los vestidos y adornos personales.

En la renovación de estas iconografías de representación del poder jugó un papel destacado Giovanni Bellini.

Los venecianos se van a caracterizar por su luminosidad y colorido; para ellos, el espacio ha de estar conformado precisamente por luz y color, que asocian con lo sensual, frente a otras Escuelas que prefieren el dibujo y lo intelectual, aunque siempre pueden combinarse ambos conceptos como hizo Antonello da Messina en la imagen de San Jerónimo en su estudio.

Típico también de la Escuela veneciana es el paisaje. Son los primeros en tratarlo de forma naturalista, aunque nunca tomándolo directamente del natural, sino a modo de recreación de la Arcadia ideal. Es en estos puntos donde ofrecen el contraste, teñido de rivalidad, a la Escuela romana.

En pintura religiosa resultan más arcaicos en sus modelos y todavía siguen volcados en las palas de altar, inmensos lienzos que se colocaban tras el altar, con una imagen o escena edificante.

La pintura de tipo profano es sin duda la más interesante. A los magníficos retratos se suman los ciclos al fresco que propiciaban las scuolas: instituciones benéficas que se mantenían gracias al aporte de los socios, que solían buscarse entre los personajes más prestigiosos de la ciudad. Las scuolas eran símbolo de prestigio y sus partícipes trataban de convertirlas en las mejores, encargando su decoración a los pintores más codiciados: son famosos los frescos de Carpaccio o Tintoretto. Ejemplo de ello son los cuadros de Veronés, Giorgione y Tiziano. El Lavatorio de Tintoretto constituye una muestra claramente representativa de las tendencias de esta Escuela veneciana. (Internet)



Spresiano, viernes 9 de enero 2004
Hola amigos! Recién arribamos de pasar todo el día en Treviso pero antes de contarles quiero continuar con lo de ayer en VENEZIA; anoche estaba muy cansado y esta mañana teníamos que madrugar de vuelta así que me fui al sobre. Sigo con lo de ayer entonces.

En Venezia no hay autos; por mi descripción ya se habrán dado cuenta que es imposible que circule un vehículo por pasadizos de un metro y monedas de ancho o por calles con puentes de escaleras cada 50 metros; entonces simplemente no hay autos, los únicos medios de transporte son las lanchas colectivas, góndolas, una que otra bicicleta y los vaporettos que sólo transitan el Canal Grande de una punta a la otra. Estos últimos funcionan exáctamente igual que allá los micros parando en los muelles cada cien metros, es similar al Tigre.

Olvidé contar que a poco de empezar a caminar la ciudad nos metimos en la chiessa di San Giovanni Crisóstomo dentro de la cual está el santuario de la Madonna delle Grazie. Es de los siglos XIII y XIV y el arquitecto que la diseñó se llamó Paolo Colluci. Adentro vimos telas de Sebastiano del Piombo y de otros no menos conocidos; un cartel decía que la había visitado Albino Luciani, el Papa anterior al actual, aquel que duró un mes. Recuerdo claramente las tumbas sobre los pisos, gente que murió hace cientos de años y consiguieron ser enterrados en una iglesia, seguramente por ser donantes adinerados o estar muy vinculados a las jerarquías eclesiásticas de las épocas. Todas las iglesias tienen tumbas en los pisos, altares y paredes, algunas con el sarcófago a la vista ricamente hecho en marmol o piedra, tallado por buenos artesanos. Sea como sea se murieron y a otra cosa.

Volviendo a la Gallería dell’Accademia estaba diciendo que es im-per-di-ble; lo sostengo y la recomiendo. La lista de pintores que mencioné ayer no es exhaustiva y cada cuadro constituye un punto de interés pero hay un problema y es lo que llamo “el efecto museo”. Uno quisiera llevarse en la retina fotografiados todos los cuadros, leer todos los nombres de obras y pintores y todos los letreros que especifican detalles de cada pala. Es francamente imposible… después de ver 100 pinturas ya se empiezan a mezclar, después de dos horas y 200 pinturas ya uno no sabe ni cómo se llama ni qué es lo que está mirando… se torna todo empalagoso, te cansás de caminar, no te querés perder nada y tampoco podés estar ahí adentro una semana.

Habría que ir veinte días seguidos un par de horas por vez pero a menos que vivas en Venezia es imposible. Cobran la entrada Euros 9 lo cual para nosotros los argentinos es hoy una fortuna (lo único: no te cobran el guardarropa). Tratamos de aprovechar la visita todo lo que pudimos más que lo que quisimos y luego de tres horas y pico salimos con la cabeza hecha un terremoto. Es el inconveniente insalvable de todo mega-museo, salís de adentro medio loco y lleno de colores, cansado y confundido, ahogado buscando un poco de aire fresco. Bueno… hicimos lo que pudimos.

Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de 3.35 por 7.75 titulado “Presentazione di María al Tempio”; y el tercero el “Martirio di San Marco” obra de Giovanni Bellini de 3.62 por 7.71 metros.

También retuve algunos otros, en especial “Ritratto di giovane gentiluomo nel suo studio” de Lorenzo Lotto pintado en 1528, muy bello y de una especial y enigmática intensidad psicológica; y un robusto y apuesto “San Giovanni Batistta” del Tiziano. En fin… que la riqueza de esas telas no tiene precio material, son legados de la cultura para los tiempos. Muchas de ellas son religiosas pero hay otras que pintan la vida cotidiana de la Venezia del Renacimiento y dan una clara idea de cómo se vestía la gente, qué comían, qué hacían y cómo vivían; eso es muy interesante.

Salimos de ahí y muy cerquita estaba esperándonos la Basílica di Santa María della Salute. Es una chiesa barroca de proporciones monumentales sustentada sobre el Canal Grande con más de un millón de pilotes de madera. Fue contruida por Baldassare Longhena para conmemorar el fin de la peste de 1630 (47.000 muertos); de ahí su nombre. Está ubicada casi al finalizar el recorrido de la “S” turística que lleva a la Piazza de San Marcos pero en la ribera de enfrente del Canal Grande, a unos 200 mts. de L’Accademia. Luego de esta Chiesa viene la Dogana (Aduana antigua) que termina en la punta de la tierra firme y es desde donde se sacan la mayoría de las fotos de la ribera del Palazzo Ducale, ubicado del otro lado del Canal.

Tuvimos que esperar un poco hasta que se hiciera la hora de abrir y mientras tanto nos entretuvimos tomando sol, café y galletitas. Quisimos darle de comer a un gorrión medio congelado pero las palomas afanaban todo de arrebato. Vimos una grúa trabajando en la reestructuración de la ribera que sacaba pilotes de pino de esos que hace mil años enterraron los venezianos; estaban intactos y a ojo de buen cubero creo que medían los 7.5 mts. que mencionan las crónicas.

La basílica es de planta octogonal y la estructura está hecha en piedra de Istria. Adentro es fastuosa en sus dimensiones, lo que se dice un elefantiásico monumento, muy alta y grossa, brutal. Los mosaicos del piso –que desde abajo no se pueden apreciar pero sí en las fotos tomadas desde arriba- guardan una impecable disposición circular muy pero muy bella. Comenzamos a darle la vuelta y nos queríamos comer los ocho altares que la bordean... además de las esculturas en mármol tan finamente trabajadas y los mil detalles que te emboban la vista cada uno tenía una pala pintada por algún “aprendíz”... Il Veronese, Il Tintoretto, Palma il Vecchio, Il Pordenone, Bassano, Giambattista Tiépolo, B. Strozzi y Luca Giordano. Las ves y no lo podés creer...


El altar mayor –que obviamente supera largo en magnificencia a los laterales- tiene una imágen de la “Venerata Icona della Mesopanditissa trasportata da Creta nel 1670”. La imágen es de corte bizantino y resalta en vivos colores rojo y oro contrastando con el trabajadísimo altar de mármol en cuyo centro la ubicaron.

En cada iglesia que uno entra se quiere quedar todo el día para no perderse detalle, cada una es toda entera una cabal obra de arte, no alcanzan las palabras, fotos ni videos para dar cuenta de la locura y el genio de los renacentistas venezianos. No hay más de esos.

Pagando E. 1.50 bajamos a la Sacristía y fue como que nos dieran un masaso en la cabeza... adentro guardan varias telas de Luca Giordano, Il Tintoretto, Palma Il Giovane, Palma Il Vecchio, Pietro Líberi y otros; y como si esto fuera poco nada menos que 13 (trece) palas del Tiziano Vecellio (!!!). Querés pegar un grito... querés matarte... si tenía un sable me hacía el harakiri. No quieran ni pensar lo que es el resto del decorado de esa sacristía... -Yo le decía a Zulma que pensara nomás en las horas, días, semanas y meses que en ese mismo lugar donde estábamos nosotros habían estado trabajando maestros de la talla del Tintoretto y el Tiziano... Habrían comido ahí, soñado, charlado, enchastrados de pintura subidos a los andamios... es sobrecogedor... basta cerrar los ojos e imaginarse la escena para sentir escalofríos.

Noté en La Salutte y en varias otras iglesias que los pisos, además de estar muy gastados y cuarteados por siglos de pisadas, están muy combados y tienen declives o prominencias que no corresponden. Es debido lamentablemente al suelo de Venezia y a las habituales inundaciones que afectan la ciudad. Parece que se hunde cada vez más y hay en danza un proyecto faraónico para dicar (dique) todo el perímetro con un sistema de esclusas.

Al salir de La Salutte ya se nos había ido la hora al diablo de manera que emprendimos el regreso; no obstante quisimos llegarnos hasta el barrio llamado Cannaregio, uno de los siete que componen el bloque veneziano: Santa Croce y San Polo, Dorsoduro, San Marco, Castello, Cannaregio, Giudeca y San Giorgio Maggiore; aparte están las islas de San Michele, Murano, Burano y Torcello. Yo quería ir a ver la casa donde había vivido Il Tintoretto con su familia en el Nº 3399 de la calleja Fondamenta dei Mori desde 1574 hasta su muerte en 1594. Entre que se hizo de noche y que eso es un dédalo renunciamos y lo dejamos para la semana que viene. Queridos amigos, los saludo con mi más distinguida consideración, que Dios los bendiga. San Vidal

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