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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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En diciembre de 2003 viajé al norte de Italia a ver a Zulma; me quedé un mes y medio. Paseamos mucho, vimos maravillas, anduvimos por todos lados. Este es el relato de ese viaje día a día.
18.9.04
Venezia (3)
Spresiano, miércoles 21 de enero 2004
Hoy no sé ni por dónde empezar… es tal el lio que tengo en la cabeza, el cansancio, los pies como dos flanes y la sobredosis de obras de arte que ya no sé ni cómo me llamo. Estuvimos todo el día en la VENEZIA de los siglos, desde las ocho de la matina a las cinco de la tarde, nos vimos y nos caminamos todo, no almorzamos ni paramos ni nada, en una maratón digna de Filípides.
Al igual que la vez pasada arribamos a la estación terminal de Venezia-Santa Lucía a las ocho y enfilamos por la “S” rumbo a la Piazza San Marcos. Obviamente no pudimos evitar perdernos por alguno de esos mágicos callejoncitos que te invitan a entrar y ver hasta dónde llevan; es un encanto hacerlo. Los laburantes salían medio dormidos -nosotros también lo estábamos- yendo a tomar il vaporetto bien arropados ya que la humedad y el frio te calan hasta los huesos. La ciudad es muy grande, es enorme, y la diagramación de vias, calles, puentecitos, canales, campos, angostos pasillos, piazzas y piazzetas es total y absolutamente aleatoria; se torna muy difícil no perderse e ir a parar a cualquier lado o justamente adonde querías ir; fue así que entramos a la Piazza por detrás, imposible preguntarse uno cómo fue que pasó eso, si querés desandar el laberinto que hiciste te perdés de vuelta. La laguna estaba creciendo y la Piazza ya estaba medio inundada, veíamos brotar el agua de las alcantarillas pluviales.
Es la tercera vez que vamos a Venezia en pocas semanas y cada vez es única, te atrapa en una dulce magia envolvente y te dejás atrapar con el mayor de los gustos, no te quejás de nada, simplemente caminás embobado por una ciudad que no tiene paralelo con ninguna otra en el planeta. Voy a ser claro y preciso: es bella. Es un sueño que jamás imaginaste que ibas a soñar, es una hermosa mujer, no podés no enamorarte de Venezia. A poco de empezar a caminarla hiciste cien metros y ya perdiste, se transforma en una cárcel que te cautiva y si te abren la puerta no te querés ir. No tengo palabras para transmitir el voltaje de lo que significa para mí esta luna de miel con Zulma, y nada menos que en Venezia.
De todo lo que queríamos hacer nos quedó pendiente el Palazzo Ducale, buena ocasión para regresar por cuarta vez. Entramos al MUSEO CORRER que está en un lateral de la Piazza llamado “El Ala Napoleónica y las Procuradurías Nuevas”. La entrada cuesta E.11 pero permite acceder a cuatro museos, tres están dentro del Correr, el cuarto es el Ducale; durante dos meses se puede entrar y salir las veces que uno quiera. El atento empleado nos dijo: pueden estar unas tres horas en el Correr y después se van dos horitas al Ducale. Bueno… nos engañó como a dos costureritas paraguayas, todavía se debe estar riendo; para ver el Correr en tres horas ni "corriendo" lo llegás a ver. Estuvimos desde las 8.30 hasta las 13.30 hs. y nos fuimos de palmados que estábamos.
Este museo ocupa todo el primer y segundo piso del lateral izquierdo de la Piazza que está mirando desde la Basílica hacia el fondo –o sea arriba del Café Florián- y se conecta con la Biblioteca Marciana, frente al Ducale. Es inmenso y –como dije- no es uno sino tres brutales museos (en verdad cuatro), a saber: El Museo Cívico Correr, el Museo Archeológico Nazionale y la Sala Monumentali della Biblioteca Marciana. Hay además un sector aparte dedicado a las embarcaciones venezianas, armas de época e historia de batallas.
El CORRER prop. dicho tiene 53 (cincuenta y tres) salas -digamos que inmensos salones- con una vastísima colección que ilustra ampliamente la historia y el patrimonio cultural, artístico y civil de la ciudad. Las escalinatas de entrada, tan enormes como palaciegas, te van preparando para lo que te vas a encontrar adentro; de movida nomás ya empezás a ver las obras de Cánova, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Es un extenso recorrido por todo lo que los venezianos produjeron en todas las épocas, atravesando suntuosos salones que parecen no terminar nunca. Cartografía antigua, numismática, decorados, objetos personales de los Dux, estandartes, blasones, estatuas, pinturas, objetos de la vida cotidiana, vestidos, trajes, gigantescas arañas de cristal de Murano, bibliotecas repletas de incunables escritos a tinta, medallas, condecoraciones, mayólicas y mosaicos, instrumentos de navegación, barcos, armaduras, lanzas, rifles y pistolones, bronces, muebles, artes y oficios… cuando ya no das más te enterás que recién llegaste a la sala Nº 23 y tenés que subir al segundo piso.
A veces nos deteníamos en algún objeto cualquiera, por ejemplo una talla taraceada en madera sobre madera y nos quedábamos boquiabiertos por lo refinado del trabajo, pensando en el tremendo laburo que le habría llevado al tipo que la hizo hace 500 años atrás. Otras veces era un gigantesco lienzo bordado a mano, otras una lanza de hierro forjado tallado con evidentes señas de uso (Cuántos tipos habrá mandado para el otro lado esta lanza…?). Y así cada tanto, debiendo saltear cosas porque uno no tiene todo el día para estar ahí, lamentablemente. Cada uno de esos objetos habla, tal como las pinturas cuenta una historia; son discursos en metal, marmol, madera, hierro, historias del trabajo y el quehacer de gente que ya no está más pero que la peleó y vivió como uno.
De la sala 24 en adelante se trata básicamente de otro muy extenso recorrido por la pintura veneziana desde el S.XIII al XVIII. Cada salón está dedicado a dos o tres pintores arrancando por los véneto bizantinos; tipos de la talla de los tres Bellini, Antonello da Messina, Pietro Longhi, Paolo y Lorenzo Veneziano, Cosmé Tura, Bartolomeo y Alvise Vivarini, Jacopo Sansovino, pintores flamencos como Bruegel, Jeronimus Bosch y otros, Vittore Carpaccio, Lorenzo Lotto, y otros muchos, tantos anónimos como por mí hasta ahora desconocidos. Vimos también dos cuadros de la época juvenil del Greco en su paso por Venezia.
Hay ahí una fortuna en objetos de todo tipo y cuadros, cada salón tiene un guardia, sistemas de detección electrónica, filmadoras, vidrios blindados y reguladores de la temperatura y humedad ambiente. Si te acercás mucho a un cuadro u objeto ya viene el guardia a ponerte cinco amonestaciones.
Formando parte del Correr hay otro llamado “del Risorgimento y del siglo XIX Veneziano”. Está dedicado a la historia de la ciudad después de la caída de la República en 1797 (cuando la toma Napoleón) hasta su anexión al Reino de Italia en 1866. Cuando estábamos por las tres horas del recorrido cantamos el “no va más” y salimos a la calle a tomar un café, repusimos las pilas y volvimos a entrar.
El MUSEO ARQUEOLOGICO es otro despelote, tiene 20 salones y encierra una importante colección de esculturas griegas y romanas, fragmentos arquitectónicos, altares funerarios, bronces, pequeñas estatuitas de piedras duras y cerámica, marfil, inscripciones, restos asirio babilónicos y una colección de monedas romanas de los S.III a I a.C. Todo es de antes de Cristo. También tienen cosas egipcias, momias y tallas de hace 40 siglos atrás (2.000 a.C.) que te hacen tambalear de sólo tenerlas frente a tu propios ojos, tratando de entender qué significan 4.000 años… cuál es la diferencia entre 4.000 y 1.000 o 400 o 50.
Conectando por dentro el Correr desemboca en la BIBLIOTECA MARCIANA, también llamada Librería Sansoviniana; es uno de los edificios más representativos y ricos de la arquitectura renacentista veneziana. Se entra en el vestíbulo y no queda otra que pegar un grito, estás frente a un amplio y suntuoso salón de mts. 26 por 10 totalmente pintado por la flor y nata de los artistas del renacimiento. El techo tiene 21 lienzos realizados entre 1556 y 1559 por siete pintores elegidos por Sansovino y Tizziano; se trataba de un concurso -tres pinturas cada uno- y lo ganó Il Veronese con el tondo (pintura circular) de mts. 2.30 de diámetro titulado “La Música”, a sus 29 años. Como si eso fuera poco las cuatro paredes están decoradas con filósofos hechos por diferentes artistas, dos son del Veronese –Platón y Aristóteles- y una media docena del Tintoretto.
El cuarto museo implícito que mencioné más atrás está dedicado a cómo defendieron en Venezia las obras de arte durante la primera guerra mundial. A las 13.30 del mediodía, después de haber estado ahí dentro cinco largas horas, saturados de arte, cansados como mulas y queriendo ver un poco de cielo azul, decidimos renunciar al Ducale y salimos a la Piazza San Marcos. Habíamos llevado galletitas para comer y abrimos el paquete… para qué…!!! Se nos vinieron las palomas al humo, nos atropellaban, se nos paraban en la cabeza y los hombros, nos picoteaban las manos y nos robaban las galletitas. Tuvimos que salir corriendo pero antes tomé dos fotos de la escena.
Ahora me voy a dormir, después les seguiré contando cómo continuó la maratón de hoy en la ciudad más hermosa del mundo. Mañana nos vamos todo el día a Vicenza. Saludos y buenas noches. Mario …zzzzzzzzz…
Spresiano, jueves 22 de enero 2004
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano. Dio resultado.
Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales. Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.-
Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran. Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura. No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos. Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo.
La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre. Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos.
El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano. Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI. La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana.
Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona. Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero.
Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
Hoy no sé ni por dónde empezar… es tal el lio que tengo en la cabeza, el cansancio, los pies como dos flanes y la sobredosis de obras de arte que ya no sé ni cómo me llamo. Estuvimos todo el día en la VENEZIA de los siglos, desde las ocho de la matina a las cinco de la tarde, nos vimos y nos caminamos todo, no almorzamos ni paramos ni nada, en una maratón digna de Filípides.
Al igual que la vez pasada arribamos a la estación terminal de Venezia-Santa Lucía a las ocho y enfilamos por la “S” rumbo a la Piazza San Marcos. Obviamente no pudimos evitar perdernos por alguno de esos mágicos callejoncitos que te invitan a entrar y ver hasta dónde llevan; es un encanto hacerlo. Los laburantes salían medio dormidos -nosotros también lo estábamos- yendo a tomar il vaporetto bien arropados ya que la humedad y el frio te calan hasta los huesos. La ciudad es muy grande, es enorme, y la diagramación de vias, calles, puentecitos, canales, campos, angostos pasillos, piazzas y piazzetas es total y absolutamente aleatoria; se torna muy difícil no perderse e ir a parar a cualquier lado o justamente adonde querías ir; fue así que entramos a la Piazza por detrás, imposible preguntarse uno cómo fue que pasó eso, si querés desandar el laberinto que hiciste te perdés de vuelta. La laguna estaba creciendo y la Piazza ya estaba medio inundada, veíamos brotar el agua de las alcantarillas pluviales.
Es la tercera vez que vamos a Venezia en pocas semanas y cada vez es única, te atrapa en una dulce magia envolvente y te dejás atrapar con el mayor de los gustos, no te quejás de nada, simplemente caminás embobado por una ciudad que no tiene paralelo con ninguna otra en el planeta. Voy a ser claro y preciso: es bella. Es un sueño que jamás imaginaste que ibas a soñar, es una hermosa mujer, no podés no enamorarte de Venezia. A poco de empezar a caminarla hiciste cien metros y ya perdiste, se transforma en una cárcel que te cautiva y si te abren la puerta no te querés ir. No tengo palabras para transmitir el voltaje de lo que significa para mí esta luna de miel con Zulma, y nada menos que en Venezia.
De todo lo que queríamos hacer nos quedó pendiente el Palazzo Ducale, buena ocasión para regresar por cuarta vez. Entramos al MUSEO CORRER que está en un lateral de la Piazza llamado “El Ala Napoleónica y las Procuradurías Nuevas”. La entrada cuesta E.11 pero permite acceder a cuatro museos, tres están dentro del Correr, el cuarto es el Ducale; durante dos meses se puede entrar y salir las veces que uno quiera. El atento empleado nos dijo: pueden estar unas tres horas en el Correr y después se van dos horitas al Ducale. Bueno… nos engañó como a dos costureritas paraguayas, todavía se debe estar riendo; para ver el Correr en tres horas ni "corriendo" lo llegás a ver. Estuvimos desde las 8.30 hasta las 13.30 hs. y nos fuimos de palmados que estábamos.
Este museo ocupa todo el primer y segundo piso del lateral izquierdo de la Piazza que está mirando desde la Basílica hacia el fondo –o sea arriba del Café Florián- y se conecta con la Biblioteca Marciana, frente al Ducale. Es inmenso y –como dije- no es uno sino tres brutales museos (en verdad cuatro), a saber: El Museo Cívico Correr, el Museo Archeológico Nazionale y la Sala Monumentali della Biblioteca Marciana. Hay además un sector aparte dedicado a las embarcaciones venezianas, armas de época e historia de batallas.
El CORRER prop. dicho tiene 53 (cincuenta y tres) salas -digamos que inmensos salones- con una vastísima colección que ilustra ampliamente la historia y el patrimonio cultural, artístico y civil de la ciudad. Las escalinatas de entrada, tan enormes como palaciegas, te van preparando para lo que te vas a encontrar adentro; de movida nomás ya empezás a ver las obras de Cánova, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Es un extenso recorrido por todo lo que los venezianos produjeron en todas las épocas, atravesando suntuosos salones que parecen no terminar nunca. Cartografía antigua, numismática, decorados, objetos personales de los Dux, estandartes, blasones, estatuas, pinturas, objetos de la vida cotidiana, vestidos, trajes, gigantescas arañas de cristal de Murano, bibliotecas repletas de incunables escritos a tinta, medallas, condecoraciones, mayólicas y mosaicos, instrumentos de navegación, barcos, armaduras, lanzas, rifles y pistolones, bronces, muebles, artes y oficios… cuando ya no das más te enterás que recién llegaste a la sala Nº 23 y tenés que subir al segundo piso.
A veces nos deteníamos en algún objeto cualquiera, por ejemplo una talla taraceada en madera sobre madera y nos quedábamos boquiabiertos por lo refinado del trabajo, pensando en el tremendo laburo que le habría llevado al tipo que la hizo hace 500 años atrás. Otras veces era un gigantesco lienzo bordado a mano, otras una lanza de hierro forjado tallado con evidentes señas de uso (Cuántos tipos habrá mandado para el otro lado esta lanza…?). Y así cada tanto, debiendo saltear cosas porque uno no tiene todo el día para estar ahí, lamentablemente. Cada uno de esos objetos habla, tal como las pinturas cuenta una historia; son discursos en metal, marmol, madera, hierro, historias del trabajo y el quehacer de gente que ya no está más pero que la peleó y vivió como uno.
De la sala 24 en adelante se trata básicamente de otro muy extenso recorrido por la pintura veneziana desde el S.XIII al XVIII. Cada salón está dedicado a dos o tres pintores arrancando por los véneto bizantinos; tipos de la talla de los tres Bellini, Antonello da Messina, Pietro Longhi, Paolo y Lorenzo Veneziano, Cosmé Tura, Bartolomeo y Alvise Vivarini, Jacopo Sansovino, pintores flamencos como Bruegel, Jeronimus Bosch y otros, Vittore Carpaccio, Lorenzo Lotto, y otros muchos, tantos anónimos como por mí hasta ahora desconocidos. Vimos también dos cuadros de la época juvenil del Greco en su paso por Venezia.
Hay ahí una fortuna en objetos de todo tipo y cuadros, cada salón tiene un guardia, sistemas de detección electrónica, filmadoras, vidrios blindados y reguladores de la temperatura y humedad ambiente. Si te acercás mucho a un cuadro u objeto ya viene el guardia a ponerte cinco amonestaciones.
Formando parte del Correr hay otro llamado “del Risorgimento y del siglo XIX Veneziano”. Está dedicado a la historia de la ciudad después de la caída de la República en 1797 (cuando la toma Napoleón) hasta su anexión al Reino de Italia en 1866. Cuando estábamos por las tres horas del recorrido cantamos el “no va más” y salimos a la calle a tomar un café, repusimos las pilas y volvimos a entrar.
El MUSEO ARQUEOLOGICO es otro despelote, tiene 20 salones y encierra una importante colección de esculturas griegas y romanas, fragmentos arquitectónicos, altares funerarios, bronces, pequeñas estatuitas de piedras duras y cerámica, marfil, inscripciones, restos asirio babilónicos y una colección de monedas romanas de los S.III a I a.C. Todo es de antes de Cristo. También tienen cosas egipcias, momias y tallas de hace 40 siglos atrás (2.000 a.C.) que te hacen tambalear de sólo tenerlas frente a tu propios ojos, tratando de entender qué significan 4.000 años… cuál es la diferencia entre 4.000 y 1.000 o 400 o 50.
Conectando por dentro el Correr desemboca en la BIBLIOTECA MARCIANA, también llamada Librería Sansoviniana; es uno de los edificios más representativos y ricos de la arquitectura renacentista veneziana. Se entra en el vestíbulo y no queda otra que pegar un grito, estás frente a un amplio y suntuoso salón de mts. 26 por 10 totalmente pintado por la flor y nata de los artistas del renacimiento. El techo tiene 21 lienzos realizados entre 1556 y 1559 por siete pintores elegidos por Sansovino y Tizziano; se trataba de un concurso -tres pinturas cada uno- y lo ganó Il Veronese con el tondo (pintura circular) de mts. 2.30 de diámetro titulado “La Música”, a sus 29 años. Como si eso fuera poco las cuatro paredes están decoradas con filósofos hechos por diferentes artistas, dos son del Veronese –Platón y Aristóteles- y una media docena del Tintoretto.
El cuarto museo implícito que mencioné más atrás está dedicado a cómo defendieron en Venezia las obras de arte durante la primera guerra mundial. A las 13.30 del mediodía, después de haber estado ahí dentro cinco largas horas, saturados de arte, cansados como mulas y queriendo ver un poco de cielo azul, decidimos renunciar al Ducale y salimos a la Piazza San Marcos. Habíamos llevado galletitas para comer y abrimos el paquete… para qué…!!! Se nos vinieron las palomas al humo, nos atropellaban, se nos paraban en la cabeza y los hombros, nos picoteaban las manos y nos robaban las galletitas. Tuvimos que salir corriendo pero antes tomé dos fotos de la escena.
Ahora me voy a dormir, después les seguiré contando cómo continuó la maratón de hoy en la ciudad más hermosa del mundo. Mañana nos vamos todo el día a Vicenza. Saludos y buenas noches. Mario …zzzzzzzzz…
Spresiano, jueves 22 de enero 2004
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano. Dio resultado.
Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales. Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.-
Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran. Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura. No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos. Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo.
La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre. Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos.
El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano. Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI. La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana.
Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona. Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero.
Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
