En diciembre de 2003 viajé al norte de Italia a ver a Zulma; me quedé un mes y medio. Paseamos mucho, vimos maravillas, anduvimos por todos lados. Este es el relato de ese viaje día a día.

19.9.04

Udine - Acquileia

Spresiano, 15 de enero 2004
Hoy fuimos a UDINE a visitar a unos queridos amigos que tuvieron la deferencia de llevarnos de paseo a dos extrañas ciudades, la una tiene planta octogonal y la otra es donde más barata cuesta la tierra en Italia. En esta segunda –pegada a Los Alpes- estuvimos a punto de comprarnos dos terrenitos de 5 hectáreas cada uno pero al final desistimos, luego diré por qué.

Cruzamos la milenaria Porta Udine y entramos a PALMANOVA por una de las ocho que bordean la mura medieval; fuimos directo a la piazza centrale, que es inmensa y está sola, quiero decir que para acentuar el sentido de su tamaño no le pusieron árboles, bancos y ni siquiera cesped; es sólo una vasta extensión de piedritas de canto rodado blanco. A Palmanova le dicen la Cittá Fortezza y tiene una particularidad única en Italia: su trazado es perfectamente octogonal. En las vistas aéreas parece un círculo color terracota rodeado por verdes campos con un agujero en el medio (la gran plaza). El terracota es debido a que en esta región todas las casas tienen tejas coloniales, las antiguas por antiguas y las nuevas por disposición municipal.

En Italia nadie puede construir cualquier cosa, debe presentar los planos y procurar adecuarlos a las numerosas leyes edilicias; los tanos cuidan mucho la estética de sus ciudades. Hasta el color exterior de las casas está reglamentado, no podés pintar tu casa de verde si todas son amarillas ni ponerle teja plana en el techo, y así con cientos de detalles. Si alguien construye una casa en el medio del campo la pinta del color que él quiere pero si trascartón llega un vecino a construir al lado tiene que seguir la línea de lo que ya estaba; de esa manera los pueblos y ciudades son muy bonitos y pintorescos. Ponen especial hincapié en conservar el aire de verdadera antiguedad que tiene toda la zona y si bien por dentro son casas muy modernas, por fuera ni te das cuenta.

Funcionan sólo cuatro de las ocho grandes puertas de piedra que permiten la entrada a Palmanova, las otras las mantienen cerradas. Era una pasada rasante y sólo fuimos a ver il Duomo, terminado de construir en 1636. Está hecho en piedra de Istria y la fachada tiene en la parte de arriba una extraña y suave comba hacia adentro, cosa que también notamos en otros edificios. Esa piedra fue muy utilizada desde la época romana y es la que ya mencioné que sostiene todos los edificios de Venezia; una de sus características (ha de haber otras, tal vez la facilidad de su tallado y/o el peso) es su impermeabilidad y resistencia al agua. La torre del campanile fue levantada en 1776 y es notoriamente baja (misma altura que la chiesa) debido a causas defensivas: los enemigos no la podían ver desde afuera. Palmanova fue claramente una ciudad militar.

Adentro Il Duomo es imponente, de una sola nave (mts. 45 por 22) el techo es de madera de Eslavonia muy trabajada, mts. 27 de altura. Los altares laterales son como siempre cuento y detallo: arte, arte y más arte, palas y finos mármoles para regalar. Gabriela nos señaló uno que tiene el bloque central hecho de mármol blanco de Carrara, las escalinatas de mármol veronese color rosa tirando a ladrillo y las columnas de mármol veteado de Africa. En cuanto a las pinturas son casi todas de artistas de las escuelas veneziana y bolognesa; sobresale Antonio Varotari detto Il Padovanino. La enorme pila bautismal esculpida en 1614 es de piedra de Aurisina.

De ahí Gabriela y Yeyo nos llevaron a ese lugar donde la tierra cuesta muy barata (agárrense fuerte...). Se llama ACQUILEIA y la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural de La Humanidad. Sus orígenes “actuales” se remontan al año 181 antes de Cristo cuando el Senado Romano decide fundarla enviando 3.000 colonos al mando de unos triunviros. Excavaciones recientes han revelado la existencia de asentamientos protohistóricos entre los S.XIII y IX a.C. Su nombre tiene origen en el prerromano del rio Natiso: “Aquilis”. A la altura del nacimiento de Cristo bajo el Imperio de Augusto ya era capital de la “X Regio Venetia e Histria”, prospera rápidamente y pinta como importante centro comercial y militar. De ahí en más su historia ininterrumpida llega hasta el 2004; aguantó decenas de guerras e invasiones, desde los Tracios (año 238) y Visigodos (año 401) hasta los Hunos de Atila (año 452) y los Ostrogodos de Teodorico (año 489). No se privaron de intentar anexarla los Longobardos en el 568 ni los Venecianos en el 1420.

Como se comprenderá toda la zona es un muy rico y entero yacimiento arqueológico, del cual apenas si se ha desenterrado la punta del iceberg; en consecuencia fue puesta catastralmente como agrícola y sólo se puede sembrar, no construir. Intentar levantar una casa en Acquileia es meter una pala para hacer los cimientos y pegar contra un friso romano; y al diablo con la construcción, caen los arqueólogos y te la paran ahí mismo (perdiste). Por eso decía antes que la tierra ahí es barata, nadie en su sano juicio compraría un terreno para construir, es casi imposible cavar y no dar con algo de vaya a saber uno qué siglo es.

Yendo por la actual autostrada Via Giulia Augusta que viniendo desde Cervignano va hacia Grado lo primero que se ve al costado del camino es un conjunto de unas doce columnas erguidas en medio de un sembradío de piedras talladas; es lo que era el pórtico del Foro Romano, lo que queda de él, el centro de la vida política, civil y religiosa de hace 2000 años. Eso como para empezar nomás. De ahí en adelante es todo un viaje a través de los siglos y las civilizaciones, pero un viaje real –no es joda-, estás en el lugar de los hechos, pisás las piedras que pisaban los romanos, tocás las piedras con figuras de dioses que ellos tocaban, leés en latín lo que ellos escribieron en las piedras y te sentás donde ellos se sentaban. Ni tomando un alucinógeno podrías imaginar lo que se siente estando en Acquileia.

Por la Via Sacra bordeamos caminando un grandioso puerto fluvial de unos 400 mts. de largo casi enteramente conservado y desenterrado, con los muelles, amarraderos, almacenes, etc. –Sólo faltaban los romanos pero los percibíamos al lado nuestro charlando en una lengua bastante parecida al castellano. El poeta Ausonius en el S.IV definió a Acquileia “Celebérrima por sus murallas y por su puerto”; era una de las nueve ciudades más importantes del Imperio Romano. Caminás pateando piedras, pensando, tratando de imaginarte lo que sería eso en su época de esplendor cuando calculan que tenía alrededor de 100.000 habitantes. Hay restos arqueológicos por todos lados; casas, oratorios, pavimento, mosaicos, mausoleos, necrópolis, sarcófagos de piedra, fortificaciones, muras, en fin... era una gran ciudad llena de vida por donde hoy sólo pasa el viento. Por ahí anduvimos queriendo entender qué significa el paso del tiempo, lo efímero de la grandeza y la “vanitas” humana. Mañana sigo; va un saludo romano para mis amigos: salve! -Mario



Spresiano, viernes 16 de enero 2004
Trataré de continuar contando cómo siguió la visita que ayer hicimos a ACQUILEIA con Gabriela y Yeyo; cada vez que me acuerdo se me ponen los pelos de punta. Atravesando por al lado el puerto fluvial romano sobre el antiguo rio Natiso-Torre desembocamos en una monumental basílica dedicada a la Virgen María y los Santos Ermácora y Fortunato (o Hermágoras y Fortunatus). Cuando digo “monumental” no exagero, muy por el contrario me quedo corto; muchas de las chiesas que hay en Italia son de un tamaño descomunal, en Argentina creo que no hay semejantes construcciones. Al ser muy antiguas las paredes tienen entre dos y tres metros de ancho, son de piedra y todo el momumento es francamente como un gigantesco bodoque muy alto e imponente, visualmente se te viene encima y uno no puede entender cómo hostias hace miles de años podían construir así sin maquinarias ni grúas, cemento ni todos los chiches que tenemos en la actualidad.

Esta basílica –sola en el medio del campo- es muy famosa por los recontrafamosos “mosaicos de Acquileia”. La cosa arrancó en el año 313 d.C. cuando el Emperador Constantino sacó el Edicto de Milán otorgando libertad de culto a los cristianos y poniendo fin a las persecuciones; al año siguiente en el Concilio de Arles se decide levantar una chiesa. Guerras mediante –y terremotos e incendios- el primitivo edificio fue destruido y vuelto a levantar en cinco oportunidades mejorándoselo en cada una hasta llegar al año 1031; el edificio que yo vi y en el cual entré es de ese año. En el 1348 un terremoto la afectó seriamente pero la arreglaron y reestructuraron en estilo gótico. Tal vez por no ser arquitecto ni ingeniero me resulta incomprensible entender cómo pudieron levantar una mole así y como si fuera poco reciclarla luego de un terremoto (debe pesar más que las ex Twin Towers).

No se puede pisar el pavimento interior de esta basílica, hay que recorrerla sobre unos andariveles de vidrio transparente. El motivo es el ya anticipado, los bellísimos mosaicos policromados del S.IV d.C. hechos con pequeñas piedritas que dibujan animales, peces, algunas partes de la historia sagrada, plantas, flores, etc. Por su parte, el alto techo de madera con forma de casco de buque trabajado en estilo gótico es del S.XIV (posterior al terremoto), de manera que entre piso y techo hay una diferencia de 10 centurias. Todo el piso paleocristiano de esta basílica es el más grande conservado en Europa con aprox. 760 mts.2, lo cual -unido a su belleza- lo convierte en un tesoro de la cultura occidental; ni en Roma hay algo semejante. Obviamente como chiesa está actualmente desconsagrada y no hay pinturas ni nada, es sólo un relicario arqueológico, por la antiguedad del edificio, su basamento subterráneo y básicamente por los mosaicos. El campanile -de mts. 73 de alto- lo hicieron con las piedras del anfiteatro romano. No podíamos creer lo que estábamos viendo.

Desde el S.IV el alto nivel cultural de los obispos y patriarcas de Acquileia, su gran actividad pastoral favorecida por la autoridad imperial, la importancia político-militar de la ciudad y su caracter fronterizo hicieron de ella un punto de referencia del Cristianismo y base de la evangelización de varias regiones de Europa incluyendo el área germánica y eslava. San Marcos –el Evangelista- tras la muerte de Cristo fue enviado por San Pedro a evangelizar el norte de la actual Italia; Ermácoras y Fortunatus fueron discípulos de él, razón por la cual se supone que Marcos tiene que haber andado por Acquileia predicando y convirtiendo gente.

Debajo del presbiterio (bajo tierra) se encuentra la pequeña cripta que se remonta a la época del patriarca Majencio o Massenzio (S.IX) totalmente afrescada por maestros bizantinos del S.XII. Bajamos y estuvimos ahí -casi llegaba al techo con las manos- mirando conmovidos sin atrevernos a tocar las paredes pintadas, con el OH! en la boca, extrañados, sabiendo que éramos privilegiados testigos de veinte siglos de civilización pero sin poder situarnos frente a tanta cantidad de años. No te da el mate para pensar que en ese mismo lugar donde uno está parado, pisando esas mismas piedras, en el siglo XII un tipo con un pincel pintaba al fresco episodios de la vida de Hermácoras. Jamás se hubiera imaginado que en el año 2004 un argentino venido de tierras todavía desconocidas iba a estar mirando lo que él hacía.

Seguimos recorriendo la zona y bajamos a los fundamentos de la basílica; ahí el desconcierto ya es total y no sabés si entrar o salir corriendo a comprarte una Coca Cola. Le llaman “Cripta de las excavaciones”, se entra por un lateral de la nave y al bajar las escaleras los siglos empiezan a retroceder y los números bajan velozmente hasta ponerse en negativo, o sea “antes de Cristo”. En las sucesivas capas o planos hoy descubiertos entrás a ver lo que había antes, y antes, y antes; siempre lo de más abajo es lo más antiguo, todo un trabajo arqueológico que es para sacarse el sombrero. Hay pavimentos con mosaicos de casas romanas, paredes, cocinas, sumideros, un aljibe con agua, una letrina, todo en el mismo lugar donde estaba. Se van viendo los pisos y parte de la construcción de las anteriores chiesas después reconstruidas... en fin... que te sentís un grano de arena en el desierto infinito.


No voy a seguir contando porque si no ésto se haría interminable. Estar en Acquileia te vuela los sesos, es muy difícil elaborar en el momento lo que estás contemplando, te da como una sensación rara y por momentos te parece que no hay derecho a fisgonear por la cerradura la historia de nuestros antepasados. Yo quedé muy cansado, un cansancio no habitual, raro y desconocido, tal vez producto de sentirse uno como invadiendo la intimidad de los romanos y los primeros cristianos y los que estaban antes y los que estuvieron después.

Nos tomamos un café en un bolichito moderno a unos cien metros de la basílica y nos fuimos en el auto calefaccionado; el viaje en la máquina del tiempo había terminado. Creo que anoche soñé con Atila destruyendo Aquileia en el año 452. Gabriela y Yeyo: otra vez gracias! Mario y Zulma

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