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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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En diciembre de 2003 viajé al norte de Italia a ver a Zulma; me quedé un mes y medio. Paseamos mucho, vimos maravillas, anduvimos por todos lados. Este es el relato de ese viaje día a día.
18.9.04
Tizziano
TIZZIANO. Figura principal de la escuela veneciana del siglo XVI y configurador de su tradición colorística y pictórica. Tizziano, cuyo nombre completo era Tizziano Vecellio, nació en Pieve di Cadore, al norte de Venecia, en 1477, aunque algunos especialistas fechan su nacimiento diez años después, en 1487.
En Venecia, fue condiscípulo de Giorgione en el taller de los Bellini. Giovanni Bellini dejó una destacada impronta en su obra. Las obras juveniles de Tizziano se confunden a veces con las del pintor veneciano Giorgione, creando problemas a los especialistas.
La primera referencia documental que poseemos de Tizziano data de 1508, a raíz del encargo de los frescos para el exterior del Fondaco dei Tedeschi (Lonja de los alemanes), en colaboración con Giorgione. Por desgracia, los frescos nos han llegado sólo de modo fragmentario. Los especialistas disienten sobre las obras de principios del siglo XVI que deben adscribirse a Tizziano. Entre estas primeras obras deben citarse la Natividad Allendale (National Gallery, ciudad de Washington), todavía atribuida a Giorgione por muchos autores, y El concierto campestre (hacia 1510, Museo del Louvre, París), atribuida por lo general a Giorgione, aunque hoy se piensa que es obra de Tizziano o una obra de colaboración entre ambos. Del mismo modo, los estudiosos del tema muestran unanimidad a la hora de atribuir a Tizziano la Virgen gitana (hacia 1510, Kunsthistorisches Museum, Viena). Esta pintura es una adaptación de una composición de Giovanni Bellini, pero la Virgen presenta aquí un tipo más realista y los colores y texturas tienen una calidad que preludia la obra posterior de Tizziano.
En Padua, Tizziano realiza en 1511 los frescos de los Milagros de san Antonio para la Scuola del Santo. Estas narraciones demuestran su capacidad para dotar a las figuras de un sentimiento de aflicción convincente, de vida impulsiva, al tiempo que ordena los hechos con realismo en el marco de paisajes de gran viveza.
Tizziano poco a poco enriqueció el idílico estilo de Giorgione. Los cuerpos y los objetos adquieren progresivamente una sensual densidad y esplendor, los paisajes se vuelven más resonantes, la gama cromática gana en intensidad y profundidad pero también en armonía como se observa en Las tres edades del hombre (hacia 1513, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo) y Amor divino y amor profano (hacia 1515, Galería Borghese, Roma). El proceso culminó en las bacanales que Tizziano pintó para el duque Alfonso d´Este en una estancia de su palacio de Ferrara entre 1518 y 1522 (Bacanal y La ofrenda a Venus del Museo del Prado, Madrid, y Baco y Ariadna, hoy en la National Gallery de Londres).
Estas obras se consideran las más famosas e influyentes del renacimiento, y transforman la idílica Arcadia de Giorgione en celebraciones dionisíacas. Están basadas en la literatura clásica y adaptan personajes de la estatuaria antigua y de Miguel Ángel; sin embargo, reproducen un mundo de vital sensualidad, belleza y contemporaneidad. Las dinámicas vibraciones de estas piezas tienen su paralelo en su obra de temática religiosa correspondiente al mismo periodo.
Entre las primeras obras sobre este tema destaca la Asunción de la Virgen (1516-1518) sobre el altar de Santa María dei Frari en Venezia, que destaca por la maestría en la composición y movimientos de un nutrido número de personajes tratados con un sorprendente sentido de la monumentalidad. Diseñados para ser vistos de lejos, sobresale también su fuerte colorido y luz dorada. Al destaparse la obra causó una gran sensación. (ésta la vimos)
La misma tónica de monumentalidad se observa en la Virgen de Pésaro (1519-1526) del mismo templo, donde Tizziano realiza un cambio crucial en el modelo renacentista de sacra conversazione (pinturas de la Virgen con el Niño entre santos, estableciéndose alguna relación entre los personajes sagrados), situando a la Virgen, tradicionalmente colocada en el centro de la composición, en la parte derecha del cuadro, y pintando tras ella dos enormes columnas en perspectiva que se elevan más allá del espacio pictórico. Este nuevo esquema fue adoptado por artistas posteriores, como Paolo Veronés o los Carracci, abriendo el camino del estilo barroco por su sentido de movimiento y de infinito. (ésta es otra de las que vimos)
La más dinámica de las obras de Tizziano de este periodo fue la colosal Muerte de san Pedro mártir (1530, destruida), en donde la acción violenta encuentra eco en la convulsión de los árboles y del cielo. Estas obras, religiosas y profanas, revelan el conocimiento de Tizziano de los logros alcanzados por el renacimiento en Roma y Florencia.
Antes de que visitara Roma en 1545-1546, el conocimiento de estos trabajos lo realizaría el artista a través de dibujos y grabados, que actuarían como un estímulo y ayuda para crear un equivalente veneciano: un estilo renacentista de igual forma complejo, monumental, dinámico, pero con la particularidad de explotar al límite los recursos cromáticos tradicionalmente venecianos, la pincelada suelta, impresionista en el caso de Tizziano, y la creación de efectos atmosféricos.
Sus obras de la década de 1530 están traspasadas por una relativa serenidad, sutileza y refinamiento cromático, como se observa en su Venus de Urbino (1538-1539, Uffizi, Florencia), que hace una revisión de la Venus dormida de Giorgione (hacia 1510, Gemäldegalerie, Dresde). No obstante, un nuevo ímpetu de energía se plasma en La batalla de Cadore (hacia 1540, en su época en el Palacio Ducal de Venecia y hoy conocida a través de copias) y en tres grandiosas pinturas de techos (1543-1544, Santa María della Salute, Venezia), en las que escorzos violentos y figuras titánicas indican el conocimiento del estilo manierista por parte del pintor. (Estos cuadros los vimos en Santa María della Salute, Venezia el 8 de enero)
Tizziano es un retratista de primera calidad y sus innovaciones más importantes se centran en este campo entre las décadas de 1530 y 1550. En 1516 había sido nombrado pintor oficial de la República Veneziana, y trabajó a partir de aquí en las cortes de Ferrara y Mantua. En las décadas de 1530 y 1540 viajó a Bolonia para realizar los retratos del emperador Carlos V y del papa Pablo III, y visitó Roma por orden de este último, donde conoció a Miguel Ángel.
Entre 1548 y 1550 consta su permanencia en la corte de Carlos V en Augsburgo, Alemania, lo que le proporcionaría el encargo de multitud de retratos. Tizziano crea como retratista un tipo de descripción solemne y opulenta, realizando una síntesis entre la captación de la psicología y temperamento del personaje y la atención a los detalles de vestuario y al escenario, que definen a su vez la categoría social de la persona retratada. Entre sus numerosos retratos cabe destacar el del Caballero del guante (hacia 1520, Museo del Louvre, París), y la significativa colección que posee el Museo del Prado de Madrid: Federico Gonzaga (hacia 1526), el famoso Autorretrato (entre 1560-1566) del pintor a los 80 años, con una técnica casi impresionista; Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548), que es un retrato ecuestre; los dos de Felipe II, uno de joven con armadura (1551) y otro de gran tamaño, muy parecido en la composición al de Carlos V en Mühlberg; La emperatriz Isabel de Portugal (hacia 1548), de medio cuerpo y el del Marqués del Vasto arengando a sus tropas.
Frente a los fondos neutros de sus primeros cuadros de este género, introduce en la mayoría de estos retratos cortesanos algún detalle de ambientación como puede ser una columna, una cortina o una vista del paisaje.
Por otro lado, en algunos retratos de la década de 1540, como en el de Pietro Aretino (Colección Frick, Nueva York) o el del papa Pablo III (1543, Museo Capodimonte, Nápoles) utiliza su inigualable maestría para hacer partícipe al espectador de la vida interior del retratado.
A partir de 1550, de vuelta a Venezia, su estilo ha cambiado de nuevo. En las series de pinturas mitológicas realizadas para el rey Felipe II de España, las formas pierden de forma gradual solidez, diluyéndose parcialmente en vagas texturas y pinceladas vibrantes, a la vez que el color se hace más intenso. Ejemplos de ello son La ninfa con el pastor (Kunsthistoriches, Museo de Viena) y El rapto de Europa (hacia 1559-1562, Museo de Isabella Stewart Gardner, Boston). El punto culminante se alcanza en la violenta Muerte de Acteón (hacia 1561, National Gallery, Londres), con su tonalidad broncínea y texturas espejeantes. De mayor profundidad es Marsias desollado (hacia 1570-1576, Kromeriz, Checoslovaquia).
Dentro del capítulo de la fábula pagana llevada a sus máximos extremos de sensualidad y magnífica interpretación del desnudo femenino tenemos Danae recibiendo la lluvia de oro, uno de los más hermosos desnudos salidos de su pincel; Venus y Adonis, y Venus y la música, pintadas en la década de 1540 por encargo de Felipe II y hoy en el Museo del Prado. Tizziano utilizó el término "poesías" para denominar estas pinturas mitológicas.
Estas obras son contemporáneas de una serie de pinturas religiosas en las que se observa la misma disolución progresiva de las formas a través del color y la luz. A menudo en escenarios nocturnos, destacan La Anunciación (1560-1565, San Salvador, Venecia) y La coronación de espinas (c. 1570, Pinacoteca de Munich). En estas obras el estilo desmaterializado de Tizziano busca crear un ambiente trascendente.
Este estilo tardío, como fenómeno asombroso en el contexto del arte renacentista, tiene su última manifestación en la Piedad, realizada por Tizziano para su propia capilla sepulcral, obra que dejó inacabada y que hoy se conserva en L’Accademia de Venezia.
Tizziano murió en Venecia en 1576. Su obra, que afectó de manera decisiva a la evolución de la pintura europea, proporcionó una alternativa igualmente poderosa y atractiva que la lineal y plástica tradición florentina seguida por Miguel Ángel y Rafael. Esta alternativa, que sería tomada por Petrus Paulus Rubens, Diego Velázquez, Rembrandt, Eugène Delacroix y los impresionistas, sigue viva en la actualidad. Por derecho propio, la obra de Tizziano se considera en la cima de los logros y éxitos en el campo de las artes visuales.
TIZZIANO y GIORGIONE. El año 1508 es fundamental en la historia de los comienzos de Tizziano: en esta fecha es encargado con Giorgione de decorar al fresco el Fondaco dei Tedeschi. Tizziano debe pintar la fachada que da a la Mercería, mientras que a Giorgione se le confía la fachada principal, la del Gran Canal. De estos trabajos subsisten algunos fragmentos, conservados en L’Accademia y en la Sopritendenza ai Monumenti (Venecia), y la serie de grabados realizados por Zanetti en el siglo XVIII. Si juzgamos por estos escasos testimonios, Giorgione es el verdadero y principal maestro de Tizziano, al que enseña su manera de sugerir las formas más que subrayarlas, así como su sentimiento de la naturaleza. Pero es verdad también que, desde sus comienzos, el alumno se diferencia del maestro, con quien no comparte ni el lirismo contemplativo ni la indiferencia por las realidades terrestres.
Dotado de un temperamento dramático y de una fogosa energía, TIZZIANO saca provecho de la lección naturalista del siglo XVII veneciano y la aplica con fuerza a los frescos de la Scuola del Santo, en Padua (Milagro del recién nacido, San Antonio cura a un joven, El Marido celoso), realizados en 1511. En estas escenas, Tizziano organiza el espacio en una composición cadenciosa que escanda una sucesión de volúmenes envueltos en colores contrastantes y atrevidos: en ellos, hombres y mujeres «verdaderos» viven pasiones precisas en un paisaje tratado como en un decorado de teatro, en un espacio del que son amos, trascripción de un fenómeno en continuo cambio más que la atmósfera inefable de Giorgione.
La critica actual considera anteriores al período 1508-1511 o contemporáneas a éste algunas obras en las que Tizziano revela su desligamiento progresivo del mundo giorgionesco; pertenecerían a los comienzos del maestro cuatro paneles de «cassone» que representan el Nacimiento de Adonis, el Bosque de Polidora (Padua, Museo Cívico), Endimión (Menon, Penn., Barnes Foundation) y Orfeo y Eurídice (Bérgamo, Accad. Carrara). En ellos se reconoce ya una sensibilidad abierta a los efectos espaciales cromáticos, desconocida para Giorgione, con la que Tizziano explota las novedades temáticas y el descubrimiento del color «constructivo». A este período inicial pertenecen la Circuncisión (New Haven, Yale University Gal.), la Huida a Egipto (Ermitage), Jacopo Pesaro, presentado a san Pedro por el papa Alejandro VI (museo de Amberes), donde en una estructura de composición aún quattrocentesca, los personajes asumen una vitalidad nueva (aunque hay quizás que pensar en dos intervenciones) y la Virgen y el Niño con San Antonio de Padua y San Roque (Prado), de un giorgionismo tan acentuado que puede parecer intencional.
Al sentimiento patético del maestro, Tizziano opone una fuerte caracterización en los retratos (Gentilhombre apoyándose sobre un libro, Washington, N.G.; la Schiavona, Londres, NG.). En Retrato del hombre llamado Ariosto (Londres, N.G.), la presentación, aún giorgionesca, está simplificada al extremo con la ayuda de algunos planos monumentales: la ampliación de la mancha violeta, lo hinchado del ropaje de raso y la proyección de la imagen por la copa limpia de la balaustrada. Las afinidades de la Susana (Glasgow, Art Gal.) con los personajes del Milagro del recién nacido (Padua, Scuola del Santo) llevan a situar en 1510 esta obra llena de torsiones y escorzos bruscos atenuados por tintes transparentes. Con la xilografía del Triunfo de la Fe (hacia 1511), el primero de los cinco grabados y que se ha conservado en el gabinete de Estampas de Berlín-Dahlem, esta obra representa un punto culminante de la contestación antigiorgionesca.
Pero, en octubre de 1510, Giorgione muere y su otro alumno rebelde, Sebastiano del Piombo, parte para Roma, mientras que Giovanne da Udine y Mono da Feltre viajan a Italia central; Tizziano se sabe como único heredero de la lección del maestro, esto junto a la maduración natural de un temperamento destinado a permanecer fogoso, le empuja a meditar sobre el arte de Giorgione. De esta nueva actitud nacen obras en las que la línea de demarcación entre las manos de los dos artistas es difícil de fijar; para el Concierto campestre (Louvre) es probable la intervención de Tizziano para terminar la obra, dejada inacabada por el maestro, mientras que para el Noli me tangere (Londres, N. G.), el Concierto (Florencia, Pitti), la Alegoría de la vida humana (Edimburgo, N.G.), la Bohemia (Viena, K.M.) y la Carga de la cruz (Venecia, Scuola di San Rocco), todos ellos impregnados de una atmósfera aún idealmente giorgionesca, la crítica actual (Pallucchini, 1969) piensa en general que fue obra sólo de Tizziano.
En Venecia, fue condiscípulo de Giorgione en el taller de los Bellini. Giovanni Bellini dejó una destacada impronta en su obra. Las obras juveniles de Tizziano se confunden a veces con las del pintor veneciano Giorgione, creando problemas a los especialistas.
La primera referencia documental que poseemos de Tizziano data de 1508, a raíz del encargo de los frescos para el exterior del Fondaco dei Tedeschi (Lonja de los alemanes), en colaboración con Giorgione. Por desgracia, los frescos nos han llegado sólo de modo fragmentario. Los especialistas disienten sobre las obras de principios del siglo XVI que deben adscribirse a Tizziano. Entre estas primeras obras deben citarse la Natividad Allendale (National Gallery, ciudad de Washington), todavía atribuida a Giorgione por muchos autores, y El concierto campestre (hacia 1510, Museo del Louvre, París), atribuida por lo general a Giorgione, aunque hoy se piensa que es obra de Tizziano o una obra de colaboración entre ambos. Del mismo modo, los estudiosos del tema muestran unanimidad a la hora de atribuir a Tizziano la Virgen gitana (hacia 1510, Kunsthistorisches Museum, Viena). Esta pintura es una adaptación de una composición de Giovanni Bellini, pero la Virgen presenta aquí un tipo más realista y los colores y texturas tienen una calidad que preludia la obra posterior de Tizziano.
En Padua, Tizziano realiza en 1511 los frescos de los Milagros de san Antonio para la Scuola del Santo. Estas narraciones demuestran su capacidad para dotar a las figuras de un sentimiento de aflicción convincente, de vida impulsiva, al tiempo que ordena los hechos con realismo en el marco de paisajes de gran viveza.
Tizziano poco a poco enriqueció el idílico estilo de Giorgione. Los cuerpos y los objetos adquieren progresivamente una sensual densidad y esplendor, los paisajes se vuelven más resonantes, la gama cromática gana en intensidad y profundidad pero también en armonía como se observa en Las tres edades del hombre (hacia 1513, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo) y Amor divino y amor profano (hacia 1515, Galería Borghese, Roma). El proceso culminó en las bacanales que Tizziano pintó para el duque Alfonso d´Este en una estancia de su palacio de Ferrara entre 1518 y 1522 (Bacanal y La ofrenda a Venus del Museo del Prado, Madrid, y Baco y Ariadna, hoy en la National Gallery de Londres).
Estas obras se consideran las más famosas e influyentes del renacimiento, y transforman la idílica Arcadia de Giorgione en celebraciones dionisíacas. Están basadas en la literatura clásica y adaptan personajes de la estatuaria antigua y de Miguel Ángel; sin embargo, reproducen un mundo de vital sensualidad, belleza y contemporaneidad. Las dinámicas vibraciones de estas piezas tienen su paralelo en su obra de temática religiosa correspondiente al mismo periodo.
Entre las primeras obras sobre este tema destaca la Asunción de la Virgen (1516-1518) sobre el altar de Santa María dei Frari en Venezia, que destaca por la maestría en la composición y movimientos de un nutrido número de personajes tratados con un sorprendente sentido de la monumentalidad. Diseñados para ser vistos de lejos, sobresale también su fuerte colorido y luz dorada. Al destaparse la obra causó una gran sensación. (ésta la vimos)
La misma tónica de monumentalidad se observa en la Virgen de Pésaro (1519-1526) del mismo templo, donde Tizziano realiza un cambio crucial en el modelo renacentista de sacra conversazione (pinturas de la Virgen con el Niño entre santos, estableciéndose alguna relación entre los personajes sagrados), situando a la Virgen, tradicionalmente colocada en el centro de la composición, en la parte derecha del cuadro, y pintando tras ella dos enormes columnas en perspectiva que se elevan más allá del espacio pictórico. Este nuevo esquema fue adoptado por artistas posteriores, como Paolo Veronés o los Carracci, abriendo el camino del estilo barroco por su sentido de movimiento y de infinito. (ésta es otra de las que vimos)
La más dinámica de las obras de Tizziano de este periodo fue la colosal Muerte de san Pedro mártir (1530, destruida), en donde la acción violenta encuentra eco en la convulsión de los árboles y del cielo. Estas obras, religiosas y profanas, revelan el conocimiento de Tizziano de los logros alcanzados por el renacimiento en Roma y Florencia.
Antes de que visitara Roma en 1545-1546, el conocimiento de estos trabajos lo realizaría el artista a través de dibujos y grabados, que actuarían como un estímulo y ayuda para crear un equivalente veneciano: un estilo renacentista de igual forma complejo, monumental, dinámico, pero con la particularidad de explotar al límite los recursos cromáticos tradicionalmente venecianos, la pincelada suelta, impresionista en el caso de Tizziano, y la creación de efectos atmosféricos.
Sus obras de la década de 1530 están traspasadas por una relativa serenidad, sutileza y refinamiento cromático, como se observa en su Venus de Urbino (1538-1539, Uffizi, Florencia), que hace una revisión de la Venus dormida de Giorgione (hacia 1510, Gemäldegalerie, Dresde). No obstante, un nuevo ímpetu de energía se plasma en La batalla de Cadore (hacia 1540, en su época en el Palacio Ducal de Venecia y hoy conocida a través de copias) y en tres grandiosas pinturas de techos (1543-1544, Santa María della Salute, Venezia), en las que escorzos violentos y figuras titánicas indican el conocimiento del estilo manierista por parte del pintor. (Estos cuadros los vimos en Santa María della Salute, Venezia el 8 de enero)
Tizziano es un retratista de primera calidad y sus innovaciones más importantes se centran en este campo entre las décadas de 1530 y 1550. En 1516 había sido nombrado pintor oficial de la República Veneziana, y trabajó a partir de aquí en las cortes de Ferrara y Mantua. En las décadas de 1530 y 1540 viajó a Bolonia para realizar los retratos del emperador Carlos V y del papa Pablo III, y visitó Roma por orden de este último, donde conoció a Miguel Ángel.
Entre 1548 y 1550 consta su permanencia en la corte de Carlos V en Augsburgo, Alemania, lo que le proporcionaría el encargo de multitud de retratos. Tizziano crea como retratista un tipo de descripción solemne y opulenta, realizando una síntesis entre la captación de la psicología y temperamento del personaje y la atención a los detalles de vestuario y al escenario, que definen a su vez la categoría social de la persona retratada. Entre sus numerosos retratos cabe destacar el del Caballero del guante (hacia 1520, Museo del Louvre, París), y la significativa colección que posee el Museo del Prado de Madrid: Federico Gonzaga (hacia 1526), el famoso Autorretrato (entre 1560-1566) del pintor a los 80 años, con una técnica casi impresionista; Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548), que es un retrato ecuestre; los dos de Felipe II, uno de joven con armadura (1551) y otro de gran tamaño, muy parecido en la composición al de Carlos V en Mühlberg; La emperatriz Isabel de Portugal (hacia 1548), de medio cuerpo y el del Marqués del Vasto arengando a sus tropas.
Frente a los fondos neutros de sus primeros cuadros de este género, introduce en la mayoría de estos retratos cortesanos algún detalle de ambientación como puede ser una columna, una cortina o una vista del paisaje.
Por otro lado, en algunos retratos de la década de 1540, como en el de Pietro Aretino (Colección Frick, Nueva York) o el del papa Pablo III (1543, Museo Capodimonte, Nápoles) utiliza su inigualable maestría para hacer partícipe al espectador de la vida interior del retratado.
A partir de 1550, de vuelta a Venezia, su estilo ha cambiado de nuevo. En las series de pinturas mitológicas realizadas para el rey Felipe II de España, las formas pierden de forma gradual solidez, diluyéndose parcialmente en vagas texturas y pinceladas vibrantes, a la vez que el color se hace más intenso. Ejemplos de ello son La ninfa con el pastor (Kunsthistoriches, Museo de Viena) y El rapto de Europa (hacia 1559-1562, Museo de Isabella Stewart Gardner, Boston). El punto culminante se alcanza en la violenta Muerte de Acteón (hacia 1561, National Gallery, Londres), con su tonalidad broncínea y texturas espejeantes. De mayor profundidad es Marsias desollado (hacia 1570-1576, Kromeriz, Checoslovaquia).
Dentro del capítulo de la fábula pagana llevada a sus máximos extremos de sensualidad y magnífica interpretación del desnudo femenino tenemos Danae recibiendo la lluvia de oro, uno de los más hermosos desnudos salidos de su pincel; Venus y Adonis, y Venus y la música, pintadas en la década de 1540 por encargo de Felipe II y hoy en el Museo del Prado. Tizziano utilizó el término "poesías" para denominar estas pinturas mitológicas.
Estas obras son contemporáneas de una serie de pinturas religiosas en las que se observa la misma disolución progresiva de las formas a través del color y la luz. A menudo en escenarios nocturnos, destacan La Anunciación (1560-1565, San Salvador, Venecia) y La coronación de espinas (c. 1570, Pinacoteca de Munich). En estas obras el estilo desmaterializado de Tizziano busca crear un ambiente trascendente.
Este estilo tardío, como fenómeno asombroso en el contexto del arte renacentista, tiene su última manifestación en la Piedad, realizada por Tizziano para su propia capilla sepulcral, obra que dejó inacabada y que hoy se conserva en L’Accademia de Venezia.
Tizziano murió en Venecia en 1576. Su obra, que afectó de manera decisiva a la evolución de la pintura europea, proporcionó una alternativa igualmente poderosa y atractiva que la lineal y plástica tradición florentina seguida por Miguel Ángel y Rafael. Esta alternativa, que sería tomada por Petrus Paulus Rubens, Diego Velázquez, Rembrandt, Eugène Delacroix y los impresionistas, sigue viva en la actualidad. Por derecho propio, la obra de Tizziano se considera en la cima de los logros y éxitos en el campo de las artes visuales.
TIZZIANO y GIORGIONE. El año 1508 es fundamental en la historia de los comienzos de Tizziano: en esta fecha es encargado con Giorgione de decorar al fresco el Fondaco dei Tedeschi. Tizziano debe pintar la fachada que da a la Mercería, mientras que a Giorgione se le confía la fachada principal, la del Gran Canal. De estos trabajos subsisten algunos fragmentos, conservados en L’Accademia y en la Sopritendenza ai Monumenti (Venecia), y la serie de grabados realizados por Zanetti en el siglo XVIII. Si juzgamos por estos escasos testimonios, Giorgione es el verdadero y principal maestro de Tizziano, al que enseña su manera de sugerir las formas más que subrayarlas, así como su sentimiento de la naturaleza. Pero es verdad también que, desde sus comienzos, el alumno se diferencia del maestro, con quien no comparte ni el lirismo contemplativo ni la indiferencia por las realidades terrestres.
Dotado de un temperamento dramático y de una fogosa energía, TIZZIANO saca provecho de la lección naturalista del siglo XVII veneciano y la aplica con fuerza a los frescos de la Scuola del Santo, en Padua (Milagro del recién nacido, San Antonio cura a un joven, El Marido celoso), realizados en 1511. En estas escenas, Tizziano organiza el espacio en una composición cadenciosa que escanda una sucesión de volúmenes envueltos en colores contrastantes y atrevidos: en ellos, hombres y mujeres «verdaderos» viven pasiones precisas en un paisaje tratado como en un decorado de teatro, en un espacio del que son amos, trascripción de un fenómeno en continuo cambio más que la atmósfera inefable de Giorgione.
La critica actual considera anteriores al período 1508-1511 o contemporáneas a éste algunas obras en las que Tizziano revela su desligamiento progresivo del mundo giorgionesco; pertenecerían a los comienzos del maestro cuatro paneles de «cassone» que representan el Nacimiento de Adonis, el Bosque de Polidora (Padua, Museo Cívico), Endimión (Menon, Penn., Barnes Foundation) y Orfeo y Eurídice (Bérgamo, Accad. Carrara). En ellos se reconoce ya una sensibilidad abierta a los efectos espaciales cromáticos, desconocida para Giorgione, con la que Tizziano explota las novedades temáticas y el descubrimiento del color «constructivo». A este período inicial pertenecen la Circuncisión (New Haven, Yale University Gal.), la Huida a Egipto (Ermitage), Jacopo Pesaro, presentado a san Pedro por el papa Alejandro VI (museo de Amberes), donde en una estructura de composición aún quattrocentesca, los personajes asumen una vitalidad nueva (aunque hay quizás que pensar en dos intervenciones) y la Virgen y el Niño con San Antonio de Padua y San Roque (Prado), de un giorgionismo tan acentuado que puede parecer intencional.
Al sentimiento patético del maestro, Tizziano opone una fuerte caracterización en los retratos (Gentilhombre apoyándose sobre un libro, Washington, N.G.; la Schiavona, Londres, NG.). En Retrato del hombre llamado Ariosto (Londres, N.G.), la presentación, aún giorgionesca, está simplificada al extremo con la ayuda de algunos planos monumentales: la ampliación de la mancha violeta, lo hinchado del ropaje de raso y la proyección de la imagen por la copa limpia de la balaustrada. Las afinidades de la Susana (Glasgow, Art Gal.) con los personajes del Milagro del recién nacido (Padua, Scuola del Santo) llevan a situar en 1510 esta obra llena de torsiones y escorzos bruscos atenuados por tintes transparentes. Con la xilografía del Triunfo de la Fe (hacia 1511), el primero de los cinco grabados y que se ha conservado en el gabinete de Estampas de Berlín-Dahlem, esta obra representa un punto culminante de la contestación antigiorgionesca.
Pero, en octubre de 1510, Giorgione muere y su otro alumno rebelde, Sebastiano del Piombo, parte para Roma, mientras que Giovanne da Udine y Mono da Feltre viajan a Italia central; Tizziano se sabe como único heredero de la lección del maestro, esto junto a la maduración natural de un temperamento destinado a permanecer fogoso, le empuja a meditar sobre el arte de Giorgione. De esta nueva actitud nacen obras en las que la línea de demarcación entre las manos de los dos artistas es difícil de fijar; para el Concierto campestre (Louvre) es probable la intervención de Tizziano para terminar la obra, dejada inacabada por el maestro, mientras que para el Noli me tangere (Londres, N. G.), el Concierto (Florencia, Pitti), la Alegoría de la vida humana (Edimburgo, N.G.), la Bohemia (Viena, K.M.) y la Carga de la cruz (Venecia, Scuola di San Rocco), todos ellos impregnados de una atmósfera aún idealmente giorgionesca, la crítica actual (Pallucchini, 1969) piensa en general que fue obra sólo de Tizziano.
