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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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En diciembre de 2003 viajé al norte de Italia a ver a Zulma; me quedé un mes y medio. Paseamos mucho, vimos maravillas, anduvimos por todos lados. Este es el relato de ese viaje día a día.
19.9.04
Mogliano Veneto
Spresiano, sábado 10 de enero 2004
Después de los raids de anteayer a Venezia y ayer a Treviso hoy decidimos parar un poco y nos quedamos quietos. El día amaneció hermoso y soleado, ya al mediodía había un franco sol y la temperatura ambiente estaba en unos 5 grados, cosa que acá es parecida al verano. Aprovechamos para limpiar un poco el depto.
Después de almorzar y queriendo aprovechar el sol nos fuimos al Parco (parque) Giustiniani que empieza aquí nomás a unos 200 metros (más atrás ya lo había mencionado). Nos fuimos muy pechito al aire y yo hasta imaginaba que iba a poder sacarme campera y pullover para tomar un poco de sol. Cómo me equivoqué... es muy hermoso (una especie de P. Pereyra de dos manzanas) y adentro había sol pero el suelo estaba tapizado de hojas secas y húmedas y hacía un frio de cagarse; estuvimos media hora y rajamos de vuelta a casa. El resto del día no hicimos nada.
Mañana vamos a ir a una localidad llamada Mogliano Véneto que está pasando Treviso, queremos ver una muestra con pinturas de Henry Matisse. Acá hay exposiciones de arte en todos los pueblos y para todos los gustos, algunas de muy alto nivel con obras traídas de diversos países. Como está todo tan cerquita es fácil ir y venir, el único problema es que te dan con un hacha en el billete de entrada.
Quería aprovechar para contarles algunos fragmentos de una conversa que tuve con J.Martín -el hijo de Zulma- acerca de los italianos del norte y sus particulares costumbres; fue interesante ya que el pibe vive aquí desde hace casi dos años y conoce el tema por dentro. Corroboró todo lo que yo había escrito antes y me ayudó a redondearlo pero añadió otras consideraciones que no dije.
Me habló del fatídico consumismo que campea entre la juventud; no tienen visión de futuro y viven el hoy como si el mundo se fuera a terminar mañana. Es frecuente que abandonen los estudios para ponerse a trabajar (aquí hay trabajo, se consigue fácilmente) y todo lo que ganan lo gastan en los boliches, en comprarse motos –una o dos-, autos deportivos, vacaciones, etc. No piensan en ahorrar para comprarse una casa o efectuar algún emprendimiento, hay un cortoplacismo de metas que les impide ver 10 o 20 años más adelante. Suelen estancarse en casa de los padres y de repente ya tienen 30 años y siguen así. Mucho hoy, el mañana no existe y entonces se toman el vaso de un saque.
Unido a lo anterior me decía que el tema drogas cunde por doquier; casualmente él trabajó en una gran discoteca que hay en Spresiano y refiere que el asunto es mucho más grave que en Argentina. Considera que aprox. el 90% de los pibes consumen marihuana, una droga barata, aunque más barato es el hachís que proviene del Africa (aquí cerca). Le siguen la heroína –se fabrica en Italia- y luego la cocaína, que es la más cara.
Indudablemente son problemas de estas sociedades con tan alto nivel de vida. Acá no hay desnutrición infantil, hospitales sin gasas, desempleo, piqueteros, huelga de universidades, robos ni inseguridad en las calles.
Les mando un saludo grandote a todos, los extraño y me gustaría tenerlos por acá. Al regreso tendremos tema para conversar largo y tendido. Mario
PD: Hoy zafaron, no mencioné ninguna chiesa ni los aburrí con los museos y obras de arte; tuvieron suerte.
Spresiano, domingo 11 de enero 04
Hola estimados y nunca bien ponderados, buenos días y respeto. El hermoso y soleado día de ayer finalmente terminó con una espesa niebla y –3 grados bajo cero a las 22.30 hs. No quieran ni saber la machaza helada con que amaneció hoy, parecía que hubiera nevado… hermanos, ni que hubieran pintado el paisaje con harina…
Voy a empezar por contarles algunas particularidades sueltas que me quedaron por ahí. Los bidets son distintos a los de allá, no tienen flor en la base; adosado a la canilla viene un cañito movible que se puede direccionar. Los baños -ignoro por qué- no tienen rejilla en el piso para escurrir el agua. Las puertas abren todas para afuera, es una medida de seguridad para facilitar la salida en caso de urgencias, incendios por ejemplo; aun las que dan a la vereda o directamente a la calle abren para afuera si la construcción es moderna. Las piletas de cocina y baño tienen solamente una canilla que girando a derecha o izquierda dan agua fria o caliente, y hacia arriba o abajo regulan el volumen del agua. Hay un auto muy feo marca Smart, chico, cuadrado, color negro y amarillo y de sólo dos asientos que para manejarlo no hace falta tener registro. La calefacción de las casas es a gas y está regulada por un sistema central electrónico que permite fijar la temperatura deseada. Todos los vidrios de puertas y ventanas que dan para afuera son dobles para amortiguar el intenso frio invernal. No dan la sensación térmica, eso no se conoce.
Marita, las tarjetas telefónicas que me encargaste para tu colección no me resulta nada fácil conseguirlas, hasta ahora agatas si pude juntar unas siete; sucede que la gente no las tira al suelo sino a los cestos habilitados para residuos, entonces no hay ni siquiera en las estaciones de trenes de las grandes ciudades. Si leés estos relatos habrás visto que acá nadie tira nada al piso.
Al respecto y como cosa general me parece que debo aclarar que todo lo que voy contando es lo que yo veo en esta ciudad y otras que he visitado, todas en el norte de Italia; no creo que se pueda extender a todo el país. Me han dicho que en el sur las cosas no son tan así, tampoco son como en Argentina.
A veces me pregunto por qué esta gente que ha pasado por infinidad de guerras, entre otras las dos “mundiales” del siglo pasado -la última hace apenas 50 años- han prosperado de tal manera y se comportan con un sentido de la cultura, la urbanidad y el orden tan distinto al que yo veo en las ciudades de mi querida Patria. A estos en la última guerra mundial los han bombardeado casi hasta la destrucción total, han pasado hambre, pestes y miseria como los peores y hoy tienen un standard de vida y un sistema de convivencia y respeto realmente envidiable.
No puedo ser tan ingenuo como para pensar que en Treviso no se afanan los maceteros del puente sobre el Sile porque tienen plata para comprarlos; no es eso, es otra cosa. ¿Por qué en la Universidad los estudiantes no rompen los bancos ni tiran las latitas de Coca Cola al piso? ¿Por qué esta gente respeta la Ley en vez de pasársela por el culo? ¿Por qué cuando vas a cruzar la calle los autos paran y nadie te putea? ¿Qué hostias nos pasó a nosotros los argentinos…? Hay pilas de cosas y situaciones simples de la vida cotidiana que me arrancan una exclamación de asombro y le digo a Zulma… ¿viste lo que hizo ese tipo…!!?? Ella hace dos años que vive acá y ya se olvidó del impacto inicial pero comprende mi asombro porque también es argentina.
Ya me había olvidado de todo esto… estuve por primera vez en Europa 43 días en enero del 97 y recuerdo que la experiencia me sacó la cabeza, me dio vuelta como una media; lo mismo me está pasando ahora. Me había olvidado que hay gente que vive de otra manera, que se puede vivir de otra manera. Habituado al cotidiano de la ciudad donde uno vive se termina por pensar que el mundo es así y uno se va acostumbrando a cualquier cosa hasta llegar a la peor de las degradaciones. Ver a esa gente dejando las bicis sin amarrar la otra mañana en la estación de Spresiano fue algo que me conmovió; no puedo dejar de comparar con Argentina y se me hace un ñoqui en el mate. Sé que en los pueblos del interior de la pcia. de Bs. As. las cosas funcionan aprox. como aquí pero el Far West en que se han transformado las urbes de mi Patria dista mucho de lo que yo veo aquí como cultura generalizada, aun en las ciudades grandes.
A las 10 hs. estábamos en la estación de Spresiano -aquí enfrente a pocos metros- esperando el tren para ir a Mogliano Véneto, al solcito, contemplando la feroz helada cercana y a los lejos la cadena de Los Alpes toda nevada. Estuvimos en la expo llamada “La luce del nero” (la luz del negro) con 80 obras de Henri Matisse, no pinturas sino litografías, aguafuertes, linóleos y dibujos a carbonilla. La intención de la muestra –con obras traídas de diversos países- es mostrar como “il maestro dei colori” lograba utilizar el negro puro como tono de luz y síntesis de todos los colores; de ahí el título de la expo. Lo consigue, se lo aprecia, indubablemente se trata de un capolavoro de la pintura; a veces con una magistral economía de trazos consigue en cinco o seis líneas sugerir un cuerpo en cierta posición.
Gerardo, vi un “incisione su carta” titulada Masque Mélancolique de unos cmts. 35 por 28, año 1947, donde Matisse dibuja en breves trazos la cara de una mujer depresiva. Es de una colección privada anónima. ¿la tenés?... me dijo el curador que si venís a buscarla te la regala para que la pongas en www.herreros.com.ar
Salimos y afuera hacía más frio que en Alaska; eran justo las 12 hs. y nos metimos en Il Duomo de Mogliano, acababa de terminar la misa dominical y los feligreses se estaban retirando. Un cartel decía que la chiesa es (era) del S.IX, fue destruida por los húngaros y reedificada en el S.XV. El chiostro (claustro) benedettino adyacente es del S.XII. De lo que había adentro no les voy a contar para no cansarlos pero sí quiero referir algo que observé.
Cerca del altar mayor, a un costado, había dos canastitas para poner la limosna; al pasar por al lado las vi y me di cuenta que estaban llenas de Euros... con veloz reflejo argentino miré para ambos lados y no había moros en la costa... otra vez me ocurrió lo que a Jesús en el Monte de Los Olivos: me tentó Satanás. Obviamente no toqué nada pero... lo pensé (habría unos Euros 200 en biletes chicos y monedas). Sigo caminando por una nave lateral y a la altura del presepio (pesebre) veo otra canastita llena de guita, vuelvo a relojear para todos lados y no había nadie... mmmmmm... tampoco toqué nada pero me di cuenta cabalmente que Satanás no es italiano, es argentino. Allá el fraile no hubiera descuidado las tres canastitas ni un segundo, acá sabe perfectamente que nadie en su sano juicio va a meter la mano, ni se le ocurre que eso pueda llegar a pasar.
Afuera el frio era insoportable, teníamos las manos congeladas y entramos a tomar un café en el boliche de la estación. Después regresamos a casa. Va un abrazo para todos de Mario.
Spresiano, lunes 12 de enero 2004
Acá estoy de vuelta y los saludo nuevamente. Más de uno ha de preguntarse de dónde saco tiempo para escribir lo que voy posteando en “zulmario”... es muy sencillo. Estoy en un pueblo y hace un frio de aquellos; a las 17 hs. ya es de noche y Zulma trabaja de 19 a 24 hs. entonces en esas cinco horas no tengo otra cosa para hacer como no sea escribir, leer o escuchar radio. Afuera no se puede salir -tampoco hay adonde ir- y con temperaturas bajo cero no queda nadie en las calles. He ahí la explicación.
Me divierten mucho unos carteles en italiano que los veo hasta el cansancio, los siguientes: Divieto di Affizione (prohibido fijar carteles), Vietato Fumare (prohibido fumar), Divieto di Sosta (prohibido estacionar), Attenti al cane (cuidado con el perro), Uscita (salida), Sottopassaggio (pasaje subterráneo), Vietato attraversari i binari (prohibido cruzar las vias). No sé por qué me hacen gracia pero me rio cada vez que los veo. Es muy lindo el idioma italiano, dulce y gracil, latino.
No hay planes concretos para hoy ni mañana, lunes y martes Zulma trabaja también al mediodía. Este jueves próximo vamos a ir nuevamente a Udine y tenemos pendientes un tercer viaje a Venezia; veremos de ir también a Vicenza, Castelfranco y alguna otra de las tantas milenarias ciudades que hay por aquí.
Leni y Miguel, les mando un fuerte abrazo y espero las cosas vayan marchando de la mejor manera. Alfredo, venite con el velero a Venezia, cobramos Euros 100 la vuelta por el Canal y nos llenamos los bolsillos (los ponjas hacen cola). Celi, un beso y saludos a Michel. Pablo, que lo estés pasando lindo por Bariloche. Lucía, cuando regreses sacala a pasear a Catalina. Alegría y Antonio, el mejor de mis abrazos desde esta tierra de los “pechos de lata”, JA!
Con Zulma hemos hablado bastante de la diferencia de modo de ser entre este pueblo y el nuestro, me refiero a lo ya comentado en días anteriores. Ella ve que casi todos los inmigrantes de otros países rápidamente se adaptan a las costumbres locales, aun los argentinos que somos tan díscolos; piensa que la gente se asimila al medio donde vive. Su opinión es muy atendible ya que tanto ella como tres de sus hijos son inmigrantes de años. Puede ser, tal vez sea así, no hay manera de pensar otra cosa. En todo caso el interrogante que persiste es por qué allá en las urbes Argentinas la convivencia diaria se ha salvajizado hasta extremos inentendibles. No me refiero a situaciones que pueden ser derivadas de serios problemas socioeconómicos sino a las cosas más simples de todos los días, en la clase media, en los descendientes de europeos. Hemos perdido el respeto, la tolerancia, la educación mínima, el cuidado por los espacios públicos, la estética de las ciudades, el acatamiento a las Leyes más basales de la relación con el otro, los buenos usos y costumbres. Los argentinos que estén leyendo estas líneas me entienden.
He dado muchos ejemplos de cosas que voy viendo, algunas podrían ser adjudicadas al elevado nivel de vida, otras al riguroso sistema punitivo que cohibe a los infractores; pero hay otras que dependen exclusivamente de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro.
Por tomar sólo dos de esos ejemplos, el cuidado y respeto con que los universitarios de Treviso tratan a la casa de estudios, y el gorro tirado en una vereda que Zulma me hizo dejar en Venezia. Voy a este último; hay acá una Ley no escrita o costumbre de consenso que hace que lo que se encuentra tirado en la calle porque alguien lo perdió no se lleva a casa, se lo deja en el mismo lugar donde estaba, en lo posible mejor ubicado por si el dueño regresa a buscarlo. Olvidé decir que aquel gorro de abrigo no lo dejé en el suelo, lo puse arriba de un andamio de madera bien a la vista; dos horas después volvimos a pasar por ahí y seguía estando, ningún otro de los tantos que pasaron después que yo se lo había llevado.
No es una pavada, es un fragmento de conducta social que vale oro como material de estudio y (me) pide explicación. Es muy lógica esa conducta, tanto como la nuestra de llevarnos el gorro a casa; ambas tienen sentido siendo tan opuestas. Hay pilas de esas costumbres de consenso que acá funcionan al revés que en Argentina y propician una mejor calidad de vida. Como ya he apuntado estos también pasaron por guerras, bombardeos, barbaries, pestes, hambre y miseria, y sin embargo el tejido social no está arruinado, la cultura siguió funcionando a pesar de todo, las buenas costumbres se conservaron y restablecieron. Acá no tenés que estar con la guardia en alto viendo quién te va a joder o con qué vuelto se van a quedar, no son “ligeros” ni piolas, y sin embargo viven mejor.
En fin... que me gustaría conversar de estas cosas con mis amigos argentinos, a la vuelta tendremos oportunidad de hacerlo. Mario
PD: Hoy lunes estamos de “veranito”, son las 12 del mediodía y el termómetro del balcón marca +5 grados.
Spresiano, martes 13 de enero 2004
(Cagamos... hoy es martes 13...)
En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente...
“Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
Me voy arreglando bien con el idioma, Zulma me está enseñando algo y aunque no lo hablo lo entiendo bastante bien. Ante cualquier interlocutor lo primero que le digo es... “Buon giorno, per favore, parle molto piano, io sono spagnolo e non parlo l’italiano”, entonces los tipos me hablan pausadamente tratando de que les entienda y acompañan con grandes movimientos de manos. “Capito signore...?” ... “Sí, io capito, tante grazie e buona giornatta, arrivederchi !!!” Zulma se mata de risa y dice que me faltan cinco cmts. para que nadie se de cuenta que soy argentino, JA!
No puedo con la puta manía de cruzar las calles por cualquier lado sin respetar las líneas cebra. Esta mañana fui de compras al centro solo y tuve que cruzar la Pontebbana –por dar una idea diría que es como allá la Av. Calchaquí- bueno... me sigo sorprendiendo porque pongo un pie en la calle y se para Italia para dejarme pasar aunque esté cruzando por donde no corresponde. Nadie pone mala cara ni me putea; al llegar a la otra vereda medio avergonzado suelo decirle al automovilista que tengo más cerca “escusi signore”.
En Spresiano no hay viento; en su momento me llamó la atención y me lo han confirmado. El paisaje de árboles que veo a diario desde la puerta ventana del balcón está siempre quieto, como dibujado, es raro ver moverse un poquito la arboleda. No sé por qué motivo es ni si es así en toda la llanura padana (o véneta). Dentro de todo menos mal porque si hubiera viento con las bajas temperaturas que reinan nos congelaríamos sin vueltas. Dejo aquí. Salutti per tutti. Mario
Spresiano, miércoles 14 de enero 2004
Ayer una persona de mi conocimiento que sigue la lectura del relato me hizo una pertinente aclaración sobre el tema de la ponchada de dinero que gasta Italia en la conservación de las obras de arte; la paso porque es interesante...
Observación: La plata que gastan en "restauro" no es de Italia... la ponemos los que, gustosamente, pagamos las entradas a los museos. En Florencia, para entrar a la Academia, había una cola de 5 personas de ancho por 150 metros de largo (bajo la galería), cola que permanentemente se realimentaba con nuevos visitantes, cuando me acercaba a pagar la entrada (5 euros) vi a los empleados dentro de la jaula de cristal, retirando paquetes así (separar las manos 40 cms.) de billetes de todos los colores, y varias veces mientras tardé en llegar y pude observar sucedió eso. Una fortuna en una hora.
Detalle: quienes pagábamos no éramos todos italianos, ni mucho menos (salvo por la doble ciudadanía), sino que se trataba de turistas.
Hice una estimación grosera en los lugares donde fui, y creo que, especialmente en Florencia y Venecia, no alcanzan a gastar toda la plata que recaudan, por más que hacen todos los esfuerzos posibles. Es evidente que lo que laburaron los tanos viejos (que ni sabían que hoy serían italianos) les da muy buenos réditos a sus recontratataranietos.
Le respondí que si no era gol le pegaba en el poste y que si todo ese dinero recaudado iba a parar efectivamente al restauro era para aplaudirlos. Acá no les tiembla la mano para cobrar la entrada a los museos, lo usual: E.7 a 10, y los ponjas –en grupos de a treinta- hacen cola para entrar. Hay mucho turismo internacional de países con buena moneda.
Hoy nos vamos a quedar en Spresiano, hay muchas cosas para hacer. He visto una costumbre que tienen con la gente que muere que allá no se usa, publicitan el deceso por todo el pueblo con carteles que incluyen la foto de la persona; a veces están agrupados en la pared y otras sueltos agarrados a algún árbol. Supongo que los difuntos han de estar agradecidos.
A propósito, vi en un diario una noticia que me hizo reir mucho. En el centro de Padova, haciendo excavaciones en el cortile del Palazzo Emo Capodilista encontraron 690 sepulturas celtas del S.II. Transcribo lo que dice: “… emergieron los esqueletos, perfectamente conservados, de dos guerreros celtas que vivieron en el S.II d.C. -Los dueños de casa no dudaron: los difuntos de todas las épocas merecen aquello que los latinos definían como “pietas”. Inmediatamente se llamó a un sacerdote que celebró una misa en sufragio”. Hostias! que los frailes no se pierden una, JA!
Prácticamente no hay día en que no aparezca alguna noticia donde se lee que encontraron restos o construcciones de cualquier siglo; está toda la región sembrada de testimonios de antiguas civilizaciones. Si compraste un terreno, vas a cavar para hacer los cimientos y aparece algo… perdiste; de inmediato interviene el Estado y caen pilas de arqueólogos; tu construcción deberá esperar.
Esta mañana se me acabó la yerba que había traído y tuve que ir a comprar un paquete; la venden en una erboristería (sin H) atendida por un erborista con título de tal. Había Cruz de Malta, Nobleza Gaucha y Taraguí; compré esta última ya que era la más barata: Euros 5 el kilo ($ 18 argentinos contantes y sonantes). Me va a salir caro tomar mate.
Mañana nos levantaremos muy temprano para tomar el tren de las 7.04 hs. a Udine (llega 8.24), allá nos encontraremos nuevamente con Gabriela, Yeyo y el pequeño Pablito. Les mando un saludo a todos. M.
Spresiano, miércoles 14 de enero 2004
Otra vez saludo a mis amigos. Quiero hacer una breve consideración acerca de las obras de arte en pintura y escultura. He visto muchas –ya lo he relatado- de los más variados y célebres artistas; cada una te obliga a detenerte y hacerte cien preguntas sobre la obra en sí, su historia, el tipo que la hizo, la técnica, el estilo, quién y para qué y dónde se la encargaron, el material empleado, el tema o contenido de la composición y finalmente -sea una estatua o una pala- aquello que está representado. No es tarea fácil pero deja su provecho aunque sean más las preguntas que las respuestas.
Es evidente que son textos para ser leídos tal como se lee un libro, hay mil detalles en cada una que no están puestos porque sí ni azarosamente; obedecen a un plan preconcebido, hay un cálculo en el discurso de los artistas, un intento de transmitir una idea o una fantasía lenta y previamente amasada. No hay obra que no esté indisolublemente ligada a la época en que fue realizada y sin la historia de las circunstancias de ese siglo se traba el entendimiento.
Por ejemplo, las pinturas de temas religiosos no se pueden apreciar bien si no se conoce un poco de historia sagrada y el particular tiempo y lugar en que fueron realizadas. Hoy no tendría sentido hacerlas y es por eso que los pintores se dedican a otros temas.
Las pinturas y las estatuas hablan, son palabras congeladas que cuentan varias historias en simultáneo, en principio cuatro, la del artista, su estilo y escuela, la del tema representado, y el lugar y época en que fueron hechas. Son un libro abierto y hay que aprender a leerlo; obviamente quien más estudió mejor lee. A poco que uno va adentrándose en ese mundo se va leyendo mejor y no resulta difícil empezar a identificar a los autores. Hay quienes tienen más capacidad descriptiva que otros, están los que utilizan ciertos colores específicos, los que dibujan bien o los que no pueden obviar detalles personales; los diestros en la perspectiva, los paisajistas, los retratistas, los naturistas, etc. El que pinta desnudos y el que no, los que prefieren temas mitológicos a los religiosos, los que pintan iluminando, los que prefieren oscurecer; hay para todos los gustos.
Tengo en la retina un cuadro del Tintoretto que vi el otro día en la L’Accademia de Venezia llamado “San Marco libera uno schiavo” que cuenta la historia de un milagro realizado por la intersección de San Marcos bajando del cielo para liberar a un esclavo. Hay unos treinta personajes en el cuadro, gente de la época vestidos a la usanza, hachas y martillos rotos, al fondo un paisaje clásico de construcciones románicas, una señora de espaldas con un chico en brazos, media docena con turbantes que señalan su condición de turcos, mucha agitación en todos, el esclavo estaqueado en el piso entregado, la asombrada cara del patrón que había dado la orden de matarlo rompiéndole las piernas... digo que parece una foto de brillantes colores, y sin embargo se notan las pinceladas. A uno le parece ser el fotógrafo y estar a metros de la escena real –aunque es imaginaria- y uno se consterna porque la escena pintada es viva, tiene fuerza y vibración, potencia y realidad. Me dije... ufff... menos mal que vino San Marcos a salvarlo a ese pobre tipo...
Esa tela –una de las miles- está plagada de detalles que observándolos hablan, cada cara está trabajada al detalle en su expresión, cada vestimenta tiene sus pliegues y acompaña al movimiento del cuerpo de cada personaje; si hubiera que escribir un libro describiendo la escena y todo lo que dice, ese libro tendría unas cien páginas y aún así no sé si lograría transmitir lo mismo. Con Zulma nos quedamos bobos mirándola, y es una más de las tantas que hay, tal vez no de las mejores del Tintoretto.
Por eso pienso que entrar a esos museos es como entrar a una biblioteca y querer leer cien libros en tres horas. Hay pintores y escultores –hay obras también- sobre los que se han escrito cientos de libros y artículos; hay pinturas de hace 400 años que todavía hoy se siguen estudiando. Gracias a ellas se ha podido reconstruir la historia de los siglos, saber cómo se vestía la gente, qué comían, cómo se divertían y qué pensaban. Las pinturas a la distancia de la Venezia de hace 400 y 500 años la muestran casi exáctamente igual a como es ahora, con los mismos edificios y arquitectura, lo que cambia son los vestidos de la gente; lo mismo pasa en Firenze. Aguantando las preguntas sin respuesta, soportando llegar hasta donde uno puede, se aprende bastante. Parecen fotos y sin embargo son pinceles, mármoles, textos, discursos de formas y colores. Mario
Después de los raids de anteayer a Venezia y ayer a Treviso hoy decidimos parar un poco y nos quedamos quietos. El día amaneció hermoso y soleado, ya al mediodía había un franco sol y la temperatura ambiente estaba en unos 5 grados, cosa que acá es parecida al verano. Aprovechamos para limpiar un poco el depto.
Después de almorzar y queriendo aprovechar el sol nos fuimos al Parco (parque) Giustiniani que empieza aquí nomás a unos 200 metros (más atrás ya lo había mencionado). Nos fuimos muy pechito al aire y yo hasta imaginaba que iba a poder sacarme campera y pullover para tomar un poco de sol. Cómo me equivoqué... es muy hermoso (una especie de P. Pereyra de dos manzanas) y adentro había sol pero el suelo estaba tapizado de hojas secas y húmedas y hacía un frio de cagarse; estuvimos media hora y rajamos de vuelta a casa. El resto del día no hicimos nada.
Mañana vamos a ir a una localidad llamada Mogliano Véneto que está pasando Treviso, queremos ver una muestra con pinturas de Henry Matisse. Acá hay exposiciones de arte en todos los pueblos y para todos los gustos, algunas de muy alto nivel con obras traídas de diversos países. Como está todo tan cerquita es fácil ir y venir, el único problema es que te dan con un hacha en el billete de entrada.
Quería aprovechar para contarles algunos fragmentos de una conversa que tuve con J.Martín -el hijo de Zulma- acerca de los italianos del norte y sus particulares costumbres; fue interesante ya que el pibe vive aquí desde hace casi dos años y conoce el tema por dentro. Corroboró todo lo que yo había escrito antes y me ayudó a redondearlo pero añadió otras consideraciones que no dije.
Me habló del fatídico consumismo que campea entre la juventud; no tienen visión de futuro y viven el hoy como si el mundo se fuera a terminar mañana. Es frecuente que abandonen los estudios para ponerse a trabajar (aquí hay trabajo, se consigue fácilmente) y todo lo que ganan lo gastan en los boliches, en comprarse motos –una o dos-, autos deportivos, vacaciones, etc. No piensan en ahorrar para comprarse una casa o efectuar algún emprendimiento, hay un cortoplacismo de metas que les impide ver 10 o 20 años más adelante. Suelen estancarse en casa de los padres y de repente ya tienen 30 años y siguen así. Mucho hoy, el mañana no existe y entonces se toman el vaso de un saque.
Unido a lo anterior me decía que el tema drogas cunde por doquier; casualmente él trabajó en una gran discoteca que hay en Spresiano y refiere que el asunto es mucho más grave que en Argentina. Considera que aprox. el 90% de los pibes consumen marihuana, una droga barata, aunque más barato es el hachís que proviene del Africa (aquí cerca). Le siguen la heroína –se fabrica en Italia- y luego la cocaína, que es la más cara.
Indudablemente son problemas de estas sociedades con tan alto nivel de vida. Acá no hay desnutrición infantil, hospitales sin gasas, desempleo, piqueteros, huelga de universidades, robos ni inseguridad en las calles.
Les mando un saludo grandote a todos, los extraño y me gustaría tenerlos por acá. Al regreso tendremos tema para conversar largo y tendido. Mario
PD: Hoy zafaron, no mencioné ninguna chiesa ni los aburrí con los museos y obras de arte; tuvieron suerte.
Spresiano, domingo 11 de enero 04
Hola estimados y nunca bien ponderados, buenos días y respeto. El hermoso y soleado día de ayer finalmente terminó con una espesa niebla y –3 grados bajo cero a las 22.30 hs. No quieran ni saber la machaza helada con que amaneció hoy, parecía que hubiera nevado… hermanos, ni que hubieran pintado el paisaje con harina…
Voy a empezar por contarles algunas particularidades sueltas que me quedaron por ahí. Los bidets son distintos a los de allá, no tienen flor en la base; adosado a la canilla viene un cañito movible que se puede direccionar. Los baños -ignoro por qué- no tienen rejilla en el piso para escurrir el agua. Las puertas abren todas para afuera, es una medida de seguridad para facilitar la salida en caso de urgencias, incendios por ejemplo; aun las que dan a la vereda o directamente a la calle abren para afuera si la construcción es moderna. Las piletas de cocina y baño tienen solamente una canilla que girando a derecha o izquierda dan agua fria o caliente, y hacia arriba o abajo regulan el volumen del agua. Hay un auto muy feo marca Smart, chico, cuadrado, color negro y amarillo y de sólo dos asientos que para manejarlo no hace falta tener registro. La calefacción de las casas es a gas y está regulada por un sistema central electrónico que permite fijar la temperatura deseada. Todos los vidrios de puertas y ventanas que dan para afuera son dobles para amortiguar el intenso frio invernal. No dan la sensación térmica, eso no se conoce.
Marita, las tarjetas telefónicas que me encargaste para tu colección no me resulta nada fácil conseguirlas, hasta ahora agatas si pude juntar unas siete; sucede que la gente no las tira al suelo sino a los cestos habilitados para residuos, entonces no hay ni siquiera en las estaciones de trenes de las grandes ciudades. Si leés estos relatos habrás visto que acá nadie tira nada al piso.
Al respecto y como cosa general me parece que debo aclarar que todo lo que voy contando es lo que yo veo en esta ciudad y otras que he visitado, todas en el norte de Italia; no creo que se pueda extender a todo el país. Me han dicho que en el sur las cosas no son tan así, tampoco son como en Argentina.
A veces me pregunto por qué esta gente que ha pasado por infinidad de guerras, entre otras las dos “mundiales” del siglo pasado -la última hace apenas 50 años- han prosperado de tal manera y se comportan con un sentido de la cultura, la urbanidad y el orden tan distinto al que yo veo en las ciudades de mi querida Patria. A estos en la última guerra mundial los han bombardeado casi hasta la destrucción total, han pasado hambre, pestes y miseria como los peores y hoy tienen un standard de vida y un sistema de convivencia y respeto realmente envidiable.
No puedo ser tan ingenuo como para pensar que en Treviso no se afanan los maceteros del puente sobre el Sile porque tienen plata para comprarlos; no es eso, es otra cosa. ¿Por qué en la Universidad los estudiantes no rompen los bancos ni tiran las latitas de Coca Cola al piso? ¿Por qué esta gente respeta la Ley en vez de pasársela por el culo? ¿Por qué cuando vas a cruzar la calle los autos paran y nadie te putea? ¿Qué hostias nos pasó a nosotros los argentinos…? Hay pilas de cosas y situaciones simples de la vida cotidiana que me arrancan una exclamación de asombro y le digo a Zulma… ¿viste lo que hizo ese tipo…!!?? Ella hace dos años que vive acá y ya se olvidó del impacto inicial pero comprende mi asombro porque también es argentina.
Ya me había olvidado de todo esto… estuve por primera vez en Europa 43 días en enero del 97 y recuerdo que la experiencia me sacó la cabeza, me dio vuelta como una media; lo mismo me está pasando ahora. Me había olvidado que hay gente que vive de otra manera, que se puede vivir de otra manera. Habituado al cotidiano de la ciudad donde uno vive se termina por pensar que el mundo es así y uno se va acostumbrando a cualquier cosa hasta llegar a la peor de las degradaciones. Ver a esa gente dejando las bicis sin amarrar la otra mañana en la estación de Spresiano fue algo que me conmovió; no puedo dejar de comparar con Argentina y se me hace un ñoqui en el mate. Sé que en los pueblos del interior de la pcia. de Bs. As. las cosas funcionan aprox. como aquí pero el Far West en que se han transformado las urbes de mi Patria dista mucho de lo que yo veo aquí como cultura generalizada, aun en las ciudades grandes.
A las 10 hs. estábamos en la estación de Spresiano -aquí enfrente a pocos metros- esperando el tren para ir a Mogliano Véneto, al solcito, contemplando la feroz helada cercana y a los lejos la cadena de Los Alpes toda nevada. Estuvimos en la expo llamada “La luce del nero” (la luz del negro) con 80 obras de Henri Matisse, no pinturas sino litografías, aguafuertes, linóleos y dibujos a carbonilla. La intención de la muestra –con obras traídas de diversos países- es mostrar como “il maestro dei colori” lograba utilizar el negro puro como tono de luz y síntesis de todos los colores; de ahí el título de la expo. Lo consigue, se lo aprecia, indubablemente se trata de un capolavoro de la pintura; a veces con una magistral economía de trazos consigue en cinco o seis líneas sugerir un cuerpo en cierta posición.
Gerardo, vi un “incisione su carta” titulada Masque Mélancolique de unos cmts. 35 por 28, año 1947, donde Matisse dibuja en breves trazos la cara de una mujer depresiva. Es de una colección privada anónima. ¿la tenés?... me dijo el curador que si venís a buscarla te la regala para que la pongas en www.herreros.com.ar
Salimos y afuera hacía más frio que en Alaska; eran justo las 12 hs. y nos metimos en Il Duomo de Mogliano, acababa de terminar la misa dominical y los feligreses se estaban retirando. Un cartel decía que la chiesa es (era) del S.IX, fue destruida por los húngaros y reedificada en el S.XV. El chiostro (claustro) benedettino adyacente es del S.XII. De lo que había adentro no les voy a contar para no cansarlos pero sí quiero referir algo que observé.
Cerca del altar mayor, a un costado, había dos canastitas para poner la limosna; al pasar por al lado las vi y me di cuenta que estaban llenas de Euros... con veloz reflejo argentino miré para ambos lados y no había moros en la costa... otra vez me ocurrió lo que a Jesús en el Monte de Los Olivos: me tentó Satanás. Obviamente no toqué nada pero... lo pensé (habría unos Euros 200 en biletes chicos y monedas). Sigo caminando por una nave lateral y a la altura del presepio (pesebre) veo otra canastita llena de guita, vuelvo a relojear para todos lados y no había nadie... mmmmmm... tampoco toqué nada pero me di cuenta cabalmente que Satanás no es italiano, es argentino. Allá el fraile no hubiera descuidado las tres canastitas ni un segundo, acá sabe perfectamente que nadie en su sano juicio va a meter la mano, ni se le ocurre que eso pueda llegar a pasar.
Afuera el frio era insoportable, teníamos las manos congeladas y entramos a tomar un café en el boliche de la estación. Después regresamos a casa. Va un abrazo para todos de Mario.
Spresiano, lunes 12 de enero 2004
Acá estoy de vuelta y los saludo nuevamente. Más de uno ha de preguntarse de dónde saco tiempo para escribir lo que voy posteando en “zulmario”... es muy sencillo. Estoy en un pueblo y hace un frio de aquellos; a las 17 hs. ya es de noche y Zulma trabaja de 19 a 24 hs. entonces en esas cinco horas no tengo otra cosa para hacer como no sea escribir, leer o escuchar radio. Afuera no se puede salir -tampoco hay adonde ir- y con temperaturas bajo cero no queda nadie en las calles. He ahí la explicación.
Me divierten mucho unos carteles en italiano que los veo hasta el cansancio, los siguientes: Divieto di Affizione (prohibido fijar carteles), Vietato Fumare (prohibido fumar), Divieto di Sosta (prohibido estacionar), Attenti al cane (cuidado con el perro), Uscita (salida), Sottopassaggio (pasaje subterráneo), Vietato attraversari i binari (prohibido cruzar las vias). No sé por qué me hacen gracia pero me rio cada vez que los veo. Es muy lindo el idioma italiano, dulce y gracil, latino.
No hay planes concretos para hoy ni mañana, lunes y martes Zulma trabaja también al mediodía. Este jueves próximo vamos a ir nuevamente a Udine y tenemos pendientes un tercer viaje a Venezia; veremos de ir también a Vicenza, Castelfranco y alguna otra de las tantas milenarias ciudades que hay por aquí.
Leni y Miguel, les mando un fuerte abrazo y espero las cosas vayan marchando de la mejor manera. Alfredo, venite con el velero a Venezia, cobramos Euros 100 la vuelta por el Canal y nos llenamos los bolsillos (los ponjas hacen cola). Celi, un beso y saludos a Michel. Pablo, que lo estés pasando lindo por Bariloche. Lucía, cuando regreses sacala a pasear a Catalina. Alegría y Antonio, el mejor de mis abrazos desde esta tierra de los “pechos de lata”, JA!
Con Zulma hemos hablado bastante de la diferencia de modo de ser entre este pueblo y el nuestro, me refiero a lo ya comentado en días anteriores. Ella ve que casi todos los inmigrantes de otros países rápidamente se adaptan a las costumbres locales, aun los argentinos que somos tan díscolos; piensa que la gente se asimila al medio donde vive. Su opinión es muy atendible ya que tanto ella como tres de sus hijos son inmigrantes de años. Puede ser, tal vez sea así, no hay manera de pensar otra cosa. En todo caso el interrogante que persiste es por qué allá en las urbes Argentinas la convivencia diaria se ha salvajizado hasta extremos inentendibles. No me refiero a situaciones que pueden ser derivadas de serios problemas socioeconómicos sino a las cosas más simples de todos los días, en la clase media, en los descendientes de europeos. Hemos perdido el respeto, la tolerancia, la educación mínima, el cuidado por los espacios públicos, la estética de las ciudades, el acatamiento a las Leyes más basales de la relación con el otro, los buenos usos y costumbres. Los argentinos que estén leyendo estas líneas me entienden.
He dado muchos ejemplos de cosas que voy viendo, algunas podrían ser adjudicadas al elevado nivel de vida, otras al riguroso sistema punitivo que cohibe a los infractores; pero hay otras que dependen exclusivamente de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro.
Por tomar sólo dos de esos ejemplos, el cuidado y respeto con que los universitarios de Treviso tratan a la casa de estudios, y el gorro tirado en una vereda que Zulma me hizo dejar en Venezia. Voy a este último; hay acá una Ley no escrita o costumbre de consenso que hace que lo que se encuentra tirado en la calle porque alguien lo perdió no se lleva a casa, se lo deja en el mismo lugar donde estaba, en lo posible mejor ubicado por si el dueño regresa a buscarlo. Olvidé decir que aquel gorro de abrigo no lo dejé en el suelo, lo puse arriba de un andamio de madera bien a la vista; dos horas después volvimos a pasar por ahí y seguía estando, ningún otro de los tantos que pasaron después que yo se lo había llevado.
No es una pavada, es un fragmento de conducta social que vale oro como material de estudio y (me) pide explicación. Es muy lógica esa conducta, tanto como la nuestra de llevarnos el gorro a casa; ambas tienen sentido siendo tan opuestas. Hay pilas de esas costumbres de consenso que acá funcionan al revés que en Argentina y propician una mejor calidad de vida. Como ya he apuntado estos también pasaron por guerras, bombardeos, barbaries, pestes, hambre y miseria, y sin embargo el tejido social no está arruinado, la cultura siguió funcionando a pesar de todo, las buenas costumbres se conservaron y restablecieron. Acá no tenés que estar con la guardia en alto viendo quién te va a joder o con qué vuelto se van a quedar, no son “ligeros” ni piolas, y sin embargo viven mejor.
En fin... que me gustaría conversar de estas cosas con mis amigos argentinos, a la vuelta tendremos oportunidad de hacerlo. Mario
PD: Hoy lunes estamos de “veranito”, son las 12 del mediodía y el termómetro del balcón marca +5 grados.
Spresiano, martes 13 de enero 2004
(Cagamos... hoy es martes 13...)
En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente...
“Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
Me voy arreglando bien con el idioma, Zulma me está enseñando algo y aunque no lo hablo lo entiendo bastante bien. Ante cualquier interlocutor lo primero que le digo es... “Buon giorno, per favore, parle molto piano, io sono spagnolo e non parlo l’italiano”, entonces los tipos me hablan pausadamente tratando de que les entienda y acompañan con grandes movimientos de manos. “Capito signore...?” ... “Sí, io capito, tante grazie e buona giornatta, arrivederchi !!!” Zulma se mata de risa y dice que me faltan cinco cmts. para que nadie se de cuenta que soy argentino, JA!
No puedo con la puta manía de cruzar las calles por cualquier lado sin respetar las líneas cebra. Esta mañana fui de compras al centro solo y tuve que cruzar la Pontebbana –por dar una idea diría que es como allá la Av. Calchaquí- bueno... me sigo sorprendiendo porque pongo un pie en la calle y se para Italia para dejarme pasar aunque esté cruzando por donde no corresponde. Nadie pone mala cara ni me putea; al llegar a la otra vereda medio avergonzado suelo decirle al automovilista que tengo más cerca “escusi signore”.
En Spresiano no hay viento; en su momento me llamó la atención y me lo han confirmado. El paisaje de árboles que veo a diario desde la puerta ventana del balcón está siempre quieto, como dibujado, es raro ver moverse un poquito la arboleda. No sé por qué motivo es ni si es así en toda la llanura padana (o véneta). Dentro de todo menos mal porque si hubiera viento con las bajas temperaturas que reinan nos congelaríamos sin vueltas. Dejo aquí. Salutti per tutti. Mario
Spresiano, miércoles 14 de enero 2004
Ayer una persona de mi conocimiento que sigue la lectura del relato me hizo una pertinente aclaración sobre el tema de la ponchada de dinero que gasta Italia en la conservación de las obras de arte; la paso porque es interesante...
Observación: La plata que gastan en "restauro" no es de Italia... la ponemos los que, gustosamente, pagamos las entradas a los museos. En Florencia, para entrar a la Academia, había una cola de 5 personas de ancho por 150 metros de largo (bajo la galería), cola que permanentemente se realimentaba con nuevos visitantes, cuando me acercaba a pagar la entrada (5 euros) vi a los empleados dentro de la jaula de cristal, retirando paquetes así (separar las manos 40 cms.) de billetes de todos los colores, y varias veces mientras tardé en llegar y pude observar sucedió eso. Una fortuna en una hora.
Detalle: quienes pagábamos no éramos todos italianos, ni mucho menos (salvo por la doble ciudadanía), sino que se trataba de turistas.
Hice una estimación grosera en los lugares donde fui, y creo que, especialmente en Florencia y Venecia, no alcanzan a gastar toda la plata que recaudan, por más que hacen todos los esfuerzos posibles. Es evidente que lo que laburaron los tanos viejos (que ni sabían que hoy serían italianos) les da muy buenos réditos a sus recontratataranietos.
Le respondí que si no era gol le pegaba en el poste y que si todo ese dinero recaudado iba a parar efectivamente al restauro era para aplaudirlos. Acá no les tiembla la mano para cobrar la entrada a los museos, lo usual: E.7 a 10, y los ponjas –en grupos de a treinta- hacen cola para entrar. Hay mucho turismo internacional de países con buena moneda.
Hoy nos vamos a quedar en Spresiano, hay muchas cosas para hacer. He visto una costumbre que tienen con la gente que muere que allá no se usa, publicitan el deceso por todo el pueblo con carteles que incluyen la foto de la persona; a veces están agrupados en la pared y otras sueltos agarrados a algún árbol. Supongo que los difuntos han de estar agradecidos.
A propósito, vi en un diario una noticia que me hizo reir mucho. En el centro de Padova, haciendo excavaciones en el cortile del Palazzo Emo Capodilista encontraron 690 sepulturas celtas del S.II. Transcribo lo que dice: “… emergieron los esqueletos, perfectamente conservados, de dos guerreros celtas que vivieron en el S.II d.C. -Los dueños de casa no dudaron: los difuntos de todas las épocas merecen aquello que los latinos definían como “pietas”. Inmediatamente se llamó a un sacerdote que celebró una misa en sufragio”. Hostias! que los frailes no se pierden una, JA!
Prácticamente no hay día en que no aparezca alguna noticia donde se lee que encontraron restos o construcciones de cualquier siglo; está toda la región sembrada de testimonios de antiguas civilizaciones. Si compraste un terreno, vas a cavar para hacer los cimientos y aparece algo… perdiste; de inmediato interviene el Estado y caen pilas de arqueólogos; tu construcción deberá esperar.
Esta mañana se me acabó la yerba que había traído y tuve que ir a comprar un paquete; la venden en una erboristería (sin H) atendida por un erborista con título de tal. Había Cruz de Malta, Nobleza Gaucha y Taraguí; compré esta última ya que era la más barata: Euros 5 el kilo ($ 18 argentinos contantes y sonantes). Me va a salir caro tomar mate.
Mañana nos levantaremos muy temprano para tomar el tren de las 7.04 hs. a Udine (llega 8.24), allá nos encontraremos nuevamente con Gabriela, Yeyo y el pequeño Pablito. Les mando un saludo a todos. M.
Spresiano, miércoles 14 de enero 2004
Otra vez saludo a mis amigos. Quiero hacer una breve consideración acerca de las obras de arte en pintura y escultura. He visto muchas –ya lo he relatado- de los más variados y célebres artistas; cada una te obliga a detenerte y hacerte cien preguntas sobre la obra en sí, su historia, el tipo que la hizo, la técnica, el estilo, quién y para qué y dónde se la encargaron, el material empleado, el tema o contenido de la composición y finalmente -sea una estatua o una pala- aquello que está representado. No es tarea fácil pero deja su provecho aunque sean más las preguntas que las respuestas.
Es evidente que son textos para ser leídos tal como se lee un libro, hay mil detalles en cada una que no están puestos porque sí ni azarosamente; obedecen a un plan preconcebido, hay un cálculo en el discurso de los artistas, un intento de transmitir una idea o una fantasía lenta y previamente amasada. No hay obra que no esté indisolublemente ligada a la época en que fue realizada y sin la historia de las circunstancias de ese siglo se traba el entendimiento.
Por ejemplo, las pinturas de temas religiosos no se pueden apreciar bien si no se conoce un poco de historia sagrada y el particular tiempo y lugar en que fueron realizadas. Hoy no tendría sentido hacerlas y es por eso que los pintores se dedican a otros temas.
Las pinturas y las estatuas hablan, son palabras congeladas que cuentan varias historias en simultáneo, en principio cuatro, la del artista, su estilo y escuela, la del tema representado, y el lugar y época en que fueron hechas. Son un libro abierto y hay que aprender a leerlo; obviamente quien más estudió mejor lee. A poco que uno va adentrándose en ese mundo se va leyendo mejor y no resulta difícil empezar a identificar a los autores. Hay quienes tienen más capacidad descriptiva que otros, están los que utilizan ciertos colores específicos, los que dibujan bien o los que no pueden obviar detalles personales; los diestros en la perspectiva, los paisajistas, los retratistas, los naturistas, etc. El que pinta desnudos y el que no, los que prefieren temas mitológicos a los religiosos, los que pintan iluminando, los que prefieren oscurecer; hay para todos los gustos.
Tengo en la retina un cuadro del Tintoretto que vi el otro día en la L’Accademia de Venezia llamado “San Marco libera uno schiavo” que cuenta la historia de un milagro realizado por la intersección de San Marcos bajando del cielo para liberar a un esclavo. Hay unos treinta personajes en el cuadro, gente de la época vestidos a la usanza, hachas y martillos rotos, al fondo un paisaje clásico de construcciones románicas, una señora de espaldas con un chico en brazos, media docena con turbantes que señalan su condición de turcos, mucha agitación en todos, el esclavo estaqueado en el piso entregado, la asombrada cara del patrón que había dado la orden de matarlo rompiéndole las piernas... digo que parece una foto de brillantes colores, y sin embargo se notan las pinceladas. A uno le parece ser el fotógrafo y estar a metros de la escena real –aunque es imaginaria- y uno se consterna porque la escena pintada es viva, tiene fuerza y vibración, potencia y realidad. Me dije... ufff... menos mal que vino San Marcos a salvarlo a ese pobre tipo...
Esa tela –una de las miles- está plagada de detalles que observándolos hablan, cada cara está trabajada al detalle en su expresión, cada vestimenta tiene sus pliegues y acompaña al movimiento del cuerpo de cada personaje; si hubiera que escribir un libro describiendo la escena y todo lo que dice, ese libro tendría unas cien páginas y aún así no sé si lograría transmitir lo mismo. Con Zulma nos quedamos bobos mirándola, y es una más de las tantas que hay, tal vez no de las mejores del Tintoretto.
Por eso pienso que entrar a esos museos es como entrar a una biblioteca y querer leer cien libros en tres horas. Hay pintores y escultores –hay obras también- sobre los que se han escrito cientos de libros y artículos; hay pinturas de hace 400 años que todavía hoy se siguen estudiando. Gracias a ellas se ha podido reconstruir la historia de los siglos, saber cómo se vestía la gente, qué comían, cómo se divertían y qué pensaban. Las pinturas a la distancia de la Venezia de hace 400 y 500 años la muestran casi exáctamente igual a como es ahora, con los mismos edificios y arquitectura, lo que cambia son los vestidos de la gente; lo mismo pasa en Firenze. Aguantando las preguntas sin respuesta, soportando llegar hasta donde uno puede, se aprende bastante. Parecen fotos y sin embargo son pinceles, mármoles, textos, discursos de formas y colores. Mario
